El Salvador, viernes 21 de julio de 2017

Lafitte Fernández || enero 23, 2017

Los primeros tiros de Trump

Sospecho que cada anuncio será un terremoto. No olvidemos que él está mirando hacia adentro. Los que estamos afuera le importamos un basural.

Una poderosa bacteria en el estómago  me obligó a refugiarme en la casa.  Tal vez por eso me dediqué a leer cuanto análisis cayera en mis manos sobre lo que algunos estiman que le pasará al mundo con Donald Trump.

Conclusión: ni un solo analista serio está convencido de dar en el blanco. Escriben generalizaciones sobre posibles tendencias pero no dicen: “esto sucederá”. No pueden hacerlo. El monstruo todavía no saca sus uñas. Nadie se atreve a examinar  tanta complejidad junta.

Hay tanto exabrupto, tanta agitación de clases medias, tanto populismo y proteccionismo juntos en el lenguaje de Trump que advertir el camino, o ponerle una dirección a la más reciente historia del nuevo gobernante,  puede convertirse hasta en blasfemia periodística.

Peor aún es el hecho de que Trump llegó al poder tomado de los pelos con lo que es el más creíble y sensato periodismo estadounidense. El pleito sigue. Durante la conferencia de prensa sucedida este día, el portavoz de Trump y los periodistas que cubren la Casa Blanca volvieron a liarse a puñetazos verbales. Las preguntas lo mostraron.

La historia también le demostró a Trump que no necesita el periodismo para ganar batallas. No lo necesitó antes. No lo necesita ahora. Tal vez hasta el periodismo deba replantearse en tiempos de Trump. La antipolítica ya no necesita de los grandes medios. Y en buena parte eso también se ha demostrado en El Salvador en algunos períodos.

Por todo eso es que lo único que se puede advertir es que con Trump todo será al revés, pero a su manera. El resto, el estilo, el método, la liturgia dependerá del arranque de sus primeras semanas de gobierno. Habrá que esperar para que, después de desapasionar el análisis, se saquen los primeros apuntes sobre un nuevo gobierno estadounidense.

Tampoco es revelador sacar conclusiones por las primeras pistas del equipo de gobierno de Trump. Lo único que se puede decir es que todos son blancos, ricos y no tienen mucha experiencia en asuntos de gobierno. Los negros y latinos sobramos ahí. Además, esos colaboradores son tan ricos que juntos exceden el Producto Interno Bruto de El Salvador.

Las cosas empeoran para los interpretadores porque en el discurso de 16 minutos de Trump, no adelantó una sola medida. El mejor resumen de su discurso es: “somos los mejores y Dios nos protegerá”.

En lo que concierne a lo que nos interesa a los latinoamericanos, un asunto sí tengo claro: México no es México en el discurso, México somos todos los latinoamericanos.

Aunque Enrique Peña Nieto correrá  el 31 de enero a reunirse con Donald Trump con crema especial en sus manos para tratar de reponerse de los golpes, todos los gobiernos latinoamericanos, incluido el de El Salvador, deben estar listos para esperar que saquen a puntapiés, de los Estados Unidos, no sé cuántos miles de latinos.

Y si a principios de siglo nos decían que el libre comercio era lo mejor que nos podía pasar, ahora Trump anuncia que desarmará cuanta promesa se hizo, hace casi dos décadas, para exportar a Estados Unidos sin aranceles significativos.

Después de escuchar todo lo que ha dicho Trump, estoy seguro que a más de un empresario estadounidense le temblará la mano invertir en nuestros países después de que Trump crea ahora que todo debe ser al revés: que el buen estadounidense no saca sus negocios de los Estados Unidos para ganar más dinero. El nacionalismo no tendrá complejos. El populismo será  también muy agresivo. De lo contrario, Trump no se sostendrá de pie.

Las cancillerías latinoamericanas deberán decirle la verdad a la gente: licencias migratorias especiales, amnistías, acuerdos amistosos en temas de migración, simplemente no se producirán, a mi juicio, a corto plazo. Se acabaron las prórrogas y buena amistad para inmigrantes. ¡Cuidado y hasta le meta impuestos a los envíos de dinero! Puede pasar de todo.

Los mejores análisis apenas pescan retazos generales. Las primeras medidas darán la sustancia en la que se concentrará Trump. Sospecho que cada anuncio será un terremoto. No olvidemos que él está mirando hacia adentro. Los que estamos afuera le importamos un basural.

Trump empieza como es. Llega obligado a actuar. Habló mucho. Prometió mucho aunque nunca dijo cómo haría las cosas. Comienza con una cuota mínima de popularidad. Es probable que se arranque será furioso, arrebatador. Pero más no se podría decir. Los hombres retados contra sí mismos son quienes más embisten la historia. Para bien o para mal.

Los primeros tiros de Trump

Por: Lafitte Fernández
enero 23, 2017

Sospecho que cada anuncio será un terremoto. No olvidemos que él está mirando hacia adentro. Los que estamos afuera le importamos un basural.

Sospecho que cada anuncio será un terremoto. No olvidemos que él está mirando hacia adentro. Los que estamos afuera le importamos un basural.

Una poderosa bacteria en el estómago  me obligó a refugiarme en la casa.  Tal vez por eso me dediqué a leer cuanto análisis cayera en mis manos sobre lo que algunos estiman que le pasará al mundo con Donald Trump.

Conclusión: ni un solo analista serio está convencido de dar en el blanco. Escriben generalizaciones sobre posibles tendencias pero no dicen: “esto sucederá”. No pueden hacerlo. El monstruo todavía no saca sus uñas. Nadie se atreve a examinar  tanta complejidad junta.

Hay tanto exabrupto, tanta agitación de clases medias, tanto populismo y proteccionismo juntos en el lenguaje de Trump que advertir el camino, o ponerle una dirección a la más reciente historia del nuevo gobernante,  puede convertirse hasta en blasfemia periodística.

Peor aún es el hecho de que Trump llegó al poder tomado de los pelos con lo que es el más creíble y sensato periodismo estadounidense. El pleito sigue. Durante la conferencia de prensa sucedida este día, el portavoz de Trump y los periodistas que cubren la Casa Blanca volvieron a liarse a puñetazos verbales. Las preguntas lo mostraron.

La historia también le demostró a Trump que no necesita el periodismo para ganar batallas. No lo necesitó antes. No lo necesita ahora. Tal vez hasta el periodismo deba replantearse en tiempos de Trump. La antipolítica ya no necesita de los grandes medios. Y en buena parte eso también se ha demostrado en El Salvador en algunos períodos.

Por todo eso es que lo único que se puede advertir es que con Trump todo será al revés, pero a su manera. El resto, el estilo, el método, la liturgia dependerá del arranque de sus primeras semanas de gobierno. Habrá que esperar para que, después de desapasionar el análisis, se saquen los primeros apuntes sobre un nuevo gobierno estadounidense.

Tampoco es revelador sacar conclusiones por las primeras pistas del equipo de gobierno de Trump. Lo único que se puede decir es que todos son blancos, ricos y no tienen mucha experiencia en asuntos de gobierno. Los negros y latinos sobramos ahí. Además, esos colaboradores son tan ricos que juntos exceden el Producto Interno Bruto de El Salvador.

Las cosas empeoran para los interpretadores porque en el discurso de 16 minutos de Trump, no adelantó una sola medida. El mejor resumen de su discurso es: “somos los mejores y Dios nos protegerá”.

En lo que concierne a lo que nos interesa a los latinoamericanos, un asunto sí tengo claro: México no es México en el discurso, México somos todos los latinoamericanos.

Aunque Enrique Peña Nieto correrá  el 31 de enero a reunirse con Donald Trump con crema especial en sus manos para tratar de reponerse de los golpes, todos los gobiernos latinoamericanos, incluido el de El Salvador, deben estar listos para esperar que saquen a puntapiés, de los Estados Unidos, no sé cuántos miles de latinos.

Y si a principios de siglo nos decían que el libre comercio era lo mejor que nos podía pasar, ahora Trump anuncia que desarmará cuanta promesa se hizo, hace casi dos décadas, para exportar a Estados Unidos sin aranceles significativos.

Después de escuchar todo lo que ha dicho Trump, estoy seguro que a más de un empresario estadounidense le temblará la mano invertir en nuestros países después de que Trump crea ahora que todo debe ser al revés: que el buen estadounidense no saca sus negocios de los Estados Unidos para ganar más dinero. El nacionalismo no tendrá complejos. El populismo será  también muy agresivo. De lo contrario, Trump no se sostendrá de pie.

Las cancillerías latinoamericanas deberán decirle la verdad a la gente: licencias migratorias especiales, amnistías, acuerdos amistosos en temas de migración, simplemente no se producirán, a mi juicio, a corto plazo. Se acabaron las prórrogas y buena amistad para inmigrantes. ¡Cuidado y hasta le meta impuestos a los envíos de dinero! Puede pasar de todo.

Los mejores análisis apenas pescan retazos generales. Las primeras medidas darán la sustancia en la que se concentrará Trump. Sospecho que cada anuncio será un terremoto. No olvidemos que él está mirando hacia adentro. Los que estamos afuera le importamos un basural.

Trump empieza como es. Llega obligado a actuar. Habló mucho. Prometió mucho aunque nunca dijo cómo haría las cosas. Comienza con una cuota mínima de popularidad. Es probable que se arranque será furioso, arrebatador. Pero más no se podría decir. Los hombres retados contra sí mismos son quienes más embisten la historia. Para bien o para mal.

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