El Salvador, miércoles 13 de diciembre de 2017

Las anclas de Nacho Castillo

Por: Lafitte Fernández
mayo 8, 2017

Tiene una carrera de más de veinte años en la televisión y un paso retardado por el desaparecido diario La Noticia.

Foto: 102nueve

Los planes iniciales de Narciso Castillo consistían en  viajar de Chile a El Salvador y quedarse un par de años. Casi treinta años después, Nacho no volvió a su país. Morirá en El Salvador. Más ahora que tiene una pequeña nieta nacida en El Salvador que Nacho enseñorea.

Tal vez la clave personal de Nacho Castillo es que, durante tantos años, ha sabido reinventarse. Poco a poco, desde hace mucho tiempo, se ha convertido en unos de los periodistas más influyentes de El Salvador. Sabe leer los tiempos.

En un país donde quienes guían la televisión creen que no se puede vivir sin programas de entrevistas a todas horas, Nacho Castillo siempre hace una diferencia. Sobre todo porque Nacho prepara adecuadamente sus diálogos, conoce con mucha profundidad la realidad salvadoreña pero, sobre todo, aplica, minuto a minuto, una buena dosis de juicio crítico con el que no deja respirar a sus invitados.

Nacho Castillo tiene una carrera de más de veinte años en la televisión y un paso retardado por el desaparecido diario La Noticia. Cuando le ha tocado dirigir un canal de televisión, siempre ha tenido una virtud: es bueno aplicándole nuevos programas que rápidamente levantan buenos niveles de audiencia. Domina las buenas ideas periodísticas.

Nacho ya no dirige noticieros de televisión. Dejó de hacerlo hace rato. Ahora tiene una vida más reposada. Su programa de entrevistas es nocturno. Arranca a las ocho de la noche. El resto del día es ejercicio de libertad para él.

No sé hace cuántos años conocí a Narciso Castillo. Creo que nos presentó, hace muchos años, José Alfredo Dutriz. Aún antes de que Nacho dirigiera una radioemisora muy influyente en la que tenía a su lado a Salvador Samayoa.

Luego el periodismo nos llenó de amigos comunes, de que esos que disectan la realidad y que tratan de encontrar caminos sensatos para entendernos.

Con Nacho he pasado muchas, muchísimas largas y sobresaltadas conversaciones sobre todo cuanto le ocurre a El Salvador. Esos cruces de notas  son, muchas veces, saludables. No todo periodista tiene siempre toda la verdad. Por más diletante que sea, no todo periodista tiene el juicio acertado para interpretar la realidad. Casi siempre debe convocar otras voces. Por eso la tertulia es una de las armas más enriquecedoras que tiene el periodista. Con Nacho siempre se va a ejercer la tertulia.

Con el tiempo, a Nacho lo han acusado de todo. Sobre todo en esta sociedad deslegitimadora. Pero no es nada de lo que se dice. Pocos atinan a definirlo como lo que es: un periodista. Así de simple. Estoy seguro que Nacho duerme tranquilo y seguirá reinventándose cuantas veces pueda.

Esto es lo que conversé esa noche con Nacho Castillo:

¿Quién es Nacho Castillo?, ¿cómo te puedes definir?

Yo soy una persona muy común. Nací en Chile, en un hogar de clase media. Jamás pensé que iba a salir de mi país. Fueron las circunstancias las que me trajeron a El Salvador. Llegué aquí a los 28 años porque el esposo de mi hermana trabajaba acá. Me vine un mes de vacaciones. Lo pasé estupendamente bien a pesar que el país estaba en guerra, pero yo sabía que venía a un país muy noticioso. Era el año 1982 y El Salvador era uno de los países más noticiosos del mundo. Estaba a la altura de lo que ahora es Siria.

¿Qué hacías en Chile?

Cuando me vine era periodista en La Tercera, el periódico de mayor circulación del país. Yo llevaba cuatro años trabajando en ese diario. Estaba muy bien, tanto que, cuando les dije a los jefes que me venía a Centroamérica, me dijeron que cometía un error porque yo tenía futuro en el periódico. De hecho, ya era editor nocturno. Antes había trabajado en radio. Trabajé como cuatro años en radio.

¿Comenzaste en el periodismo muy joven?

Yo primero estudié sociología. Después estudié periodismo. Comencé a trabajar de 24 años en el periodismo.

¿Por qué periodismo?

Fue una cosa que nunca lo pensé. En ese entonces no tenía ningún familiar en el periodismo. Ahora tengo un sobrino que es un gran periodista televisivo, editor político en un canal de televisión. Pero antes no. Se dio por casualidad. Yo estudiaba sociología, pero al cuarto año tuve mis dudas. Sociología es una carrera maravillosa, que aprendes mucho, pero en términos de querer trabajar es difícil. Cierto día me di cuenta que iban estar abiertas tres plazas de periodismo para un semestre determinado. Opté por una de esas plazas y entré a la carrera de periodismo. Y ahí me quedé. Me gustó desde un principio y disfruté muchísimo la carrera.

¿Cómo vienes a El Salvador?

Mi hermana se vino a El Salvador. Yo tengo una sola hermana. Ella vino en el año 1982, me parece,  o principios de 1981. Se vino con su esposo porque él venía a un proyecto que se llamaba IBEPO, del cual se decían muchas cosas.

IBEPO, hasta donde entiendo, era un proyecto político de la Democracia Cristiana.

Era un proyecto de apoyo que se creó en el gobierno de Álvaro Magaña. Era un proyecto de apoyo a la Democracia Cristiana de ese momento por parte de la Democracia Cristiana internacional. Mi cuñado era un dirigente democratacristiano. Vino con otra gente y se trajo a mi hermana porque eran casados. Yo comencé a conocer El Salvador por mi hermana, porque yo vivía en Chile y ella me enviaba cartas donde me escribía y me hablaba de El Salvador, y como era mi única hermana, era como la mitad mía, yo era muy pana de ella. Ni siquiera había pasado un año cuando me mandó los boletos. Me dijo que me extrañaba demasiado, que la estaba pasando bien en El Salvador, que le gustaba el país, que tenía muchos amigos que la tratan muy bien. “Quiero que vengás”, me dijo.

¿Inicialmente te viniste a pasear?

Sí, a pasear. Pedí permiso por 20 días en el periódico para venir a El Salvador. Les dije que les iba a mandar material. Me recomendaron que me llevara la cámara y que mandara material. Vine acá y en el tercer día ya estaba metido en la guerra, en actividades de corresponsalía para el periódico. Eso fue a inicios de 1983. Me acuerdo que mandé tanto material que hice varias páginas. En una oportunidad hice portada y dos páginas. Rara vez una noticia internacional tenía tanta trascendencia, pero yo tenía varias imágenes y una narración fabulosa de un ataque muy duro a Berlín. Fue muy dramático y lo escribí completo para el periódico. Y así les fui  mandando. Aquí conocí a la tropa de periodistas que había en El Salvador. Había periodistas maravillosos de todo el mundo. El Salvador era una fuente internacional muy importante. Tenía periodistas holandeses, norteamericanos…

De lo mejor.

De lo mejor del mundo. Yo era parte de ellos. Me veía todos los días con ellos. Nos encontrábamos en los lugares noticiosos todos los días. Había un muchacho venezolano que trabajaba con muy pocas ganas. Me decía: “yo vine aquí porque me mandaron, pero a mí no me gusta estar en estas cosas”. Le pregunté que para quién trabajaba. Me respondió que para Venevisión. Yo le dije que siempre había estado interesado en trabajar en Venevisión.  “Querés que te contacte”, me dijo. Yo le dejé mi número telefónico. A los cinco días me estaban llamando de Venevisión para hacer una entrevista con ellos porque les interesaba que yo fuera corresponsal en Centroamérica. “Dios mío, que estoy haciendo”, me dije. ¡Jaja!

Me estoy descarrilando, dijiste. ¡Jajaja!

¡Claro! Pero me interesó. Fui a Venezuela y me entrevisté. Recuerdo que me recibió el vicepresidente de noticias de Venevisión. Le mostré lo que había hecho y le gustó. Me pidió que me quedara en Centroamérica. Me ofrecieron que me iban a pagar bien. Fue así como me transformé en corresponsal de Venevisión. Fui a Chile y me vine con todos los petates. Mi hermana estaba feliz que yo volviera a El Salvador.  El diario donde estaba me hizo un contrato para que le enviara material.

¿Sumaste corresponsalías? 

Sí. También hubo un noticiero colombiano que se llamaba 24 Horas que me pidió que le enviara material. También colaboré con lo que hoy en día es Univisión. Hacía un solo material y cambiaba solo el micrófono. Fue así que me convertí en corresponsal de varios medios. Me fue muy bien. Rápidamente pude comprar un apartamento y un vehículo. Todo.

Pero, ¿con IBEPO no trabajaste?

No. Solo la relación con mi cuñado. Bueno, cuando llegué acá, para conseguir el permiso de estadía, porque en ese tiempo se necesitaba visa, lo hice a través de ellos. Eso sí, alguna huella legal hay. También, cuando comencé a hacer este trabajo les alquilé un camarógrafo y me dediqué hacer corresponsalía internacional. En un tiempo también IBEPO me pidió asesorar la creación de COPREFA.

O sea que no era una rama política, sino fundamentalmente una asesoría de medios de comunicación. ¿Qué era IBEPO aquí?

Mirá, yo siempre me lo pregunté. Si hoy en día me  preguntas que si eso tenía algo que ver con la CIA, yo te respondo que capaz que sí.

Sí, porque todo eso se encubría en ese tiempo.

Claro. Lo que pasa es que a veces la CIA hace cosas que los que trabajan ahí no saben. Pero, por ejemplo, IBEPO hacía un trabajo de prensa en favor con Álvaro Magaña y después con el presidente José Napoleón Duarte. Pero, IBEPO también tenía una rama que apoyaba la seguridad pública, por ejemplo, cuando El Salvador firmó un convenio para poder averiguar el asesinato de Monseñor Romero, IBEPO estaba detrás. En ese tiempo el enemigo de ARENA era IBEPO, porque lo consideraba una extensión extranjera, injerencista.

Era una injerencia democratacristiana, pero con una luz venezolana.

A ver, yo te voy a decir una cosa. Esto es interesante entenderlo. La Venezuela de hoy en día es muy diferente a la Venezuela de antes. Quizá el país que nunca debió caer en manos de la izquierda, como se conoce hoy en día, debió haber sido Venezuela, porque no existía en América Latina un país tan pro-norteamericano como Venezuela.

Además proyectaba muchísimo hacia los partidos políticos centroamericanos.

Para mí Venezuela era un portaaviones de Estados Unidos en América Latina. Si, por ejemplo, Estados Unidos tenía 20 tenía agentes de la CIA en Chile, 40 en Argentina y 100 en Brasil, en Venezuela tenía 500. Desde Venezuela se hacía mucha actividad política pro Estados Unidos en todo el resto.

Y, además, yo creo que hay que decirlo, era el país que ponía el billete en la política de Centroamérica. No sé de dónde salía, pero sí financiaban.

Era un billete que seguramente venía de las arcas de Estados Unidos. Yo tengo esa impresión, pero no te lo puedo negar. Si le preguntas a mi cuñado, que murió hace poco, yo también se lo pregunté en su momento, su respuesta era: “No, Nacho, eso no lo creo”. Yo le decía: “Yo lo huelo, lo siento”. ¡Jaja! Bueno, seguramente el máximo de ahí sí sabía con quién estaba involucrado. Pero, en el fondo, la política norteamericana era ayudar a los gobiernos demócratas cristianos, a los gobiernos que pudieran ser una alternativa para evitar la entrada del marxismo en Centroamérica o en El Salvador.

Servían de intermediarios.

Claro.

Era, posiblemente, de aquellos proyectos latinos relacionados con latinos, aunque los que inyectaban plata eran los estadounidenses.

Correcto.

Ahora, no recuerdo el nombre, pero este policía famoso que tocaste…

Rivera.

Ese. ¿Cómo es, Nacho?  ¿Qué hacía Rivera? ¿Estaban en una sola base?

No. Yo no trabajaba ahí. Físicamente no trabajaba ahí. Yo a Rivera lo habré visto unas tres veces. Lo vi muy poco. Yo sé que ellos tenían una oficina en la colonia San Francisco. Eso sabía yo. Ahí operaba con un grupo de gente. Mirá, yo no te podría hablar mucho de Rivera porque en ese tiempo veías a tanta gente. Este era un país en guerra donde había demasiada gente extraña.

Es verdad. Yo estuve aquí. Era una Casa Blanca esto. Había espías de todos los tamaños, de todas las divisiones, de todos los idiomas. Se mataban entre ellos. Se desaparecían.

Yo recuerdo que un día nos invitó a su casa el que era en ese momento el secretario de Comunicaciones de la presidencia, Gerardo Le Chevallier, quien murió en Haití. Bueno, nos invitó a un coctel a su casa. Había muchos periodistas internacionales tomándose un trago en su casa. De repente viene un amigo mío, venezolano, me tomó de la mano y me dijo: “No te vayas a meter ahí, cuidado con el que está ahí tomando en ese grupo de gente”. “¿Quién es ese?”, le pregunté. Era Luis Posada Carriles.

Que, por cierto, Posada Carriles tuvo una vida y mil proyectos en El Salvador. Es más, desde el Irán-Contra.

Claro. El Salvador era un país donde estaban metiendo mano todas las superpotencias, donde había mucha gente extraña. Posada Carriles fue uno de ellos. Rivera fue otro.

Rivera era venezolano.

Este Rivera vino normalmente, porque yo recuerdo que en una ocasión viajé con el presidente José Napoleón Duarte a Venezuela. Fue su primer viaje a Venezuela como presidente. Viajó y firmó con el presidente de Venezuela un convenio de cooperación judicial. Por ese convenio vino esta comisión donde estaba Rivera, quien era comisionado de la Policía Judicial Venezolana. Duarte quería que se investigaran dos cosas fundamentales: primero, el asesinato de Monseñor Romero; segundo, los secuestros. Los dos casos fueron exitosísimos. La mejor investigación que existe sobre la muerte de Monseñor Romero la hizo este grupo de venezolanos. Y, la segunda, la de los secuestros, lograron desbaratar toda la banda de Orlando Ballette y compañía. Era una banda de ricos secuestrando ricos en El Salvador. Se hizo una buena labor. Yo creo que Rivera, con el tiempo, se fue maleando.

Y acabó siendo capo en Guatemala.

Claro.  Pero él ya no era parte de un convenio entre gobiernos.  Era un civil que se quedó aquí haciendo otras cosas y luego se fue. Una vez,  fue la tercera vez que lo vi, porque muy pocas veces lo vi, me lo encontré en un avión. Él me conoció a mí. Fue una semana antes que lo mataran en Guatemala. Me lo encontré en el avión y básicamente me saludó. Me preguntó si seguía en El Salvador. Le dije que sí. “Estoy en Guatemala, a la orden”, me dijo. Nada más.

¿Por qué ARENA le dio tanto poder a Rivera?

No lo sé. Hay que recordar que ARENA odiaba todo eso. Odiaba a IBEPO y a toda la estructura. Odiaba a Rivera.

Pero después lo reclutó.

Lo reclutó Hugo Barrera siendo ministro y se transformó en un hombre importante para él. Ahí fue donde hizo la segunda parte en El Salvador. La primera parte la hizo con la Democracia Cristiana. Después fue con ARENA. Recordemos que ARENA lo veía como un enemigo, como un entrometido. Claro, estaba tocando fibras sensibles con alguna gente importante del partido.

Regresando un poco a tu historia. Llegas a El Salvador y te haces corresponsal de algunos medios. ¿Qué haces después?

Esto duró dos años. De pronto empezó a bajar el nivel de interés en El Salvador. Yo me acuerdo que, en un inicio, había algunos medios de comunicación internacionales que estaban en el Camino Real y tenían alquilados hasta siete cuartos solo para un medio. Pero después hubo un bajón fuerte donde El Salvador ya no era lo mismo de antes. Pero no hice mis maletas. Me quedé. Eso significó alquilar una casa, tratar de vivir bien. En eso aparece un señor, que siento mucho que ahora esté detenido, que le tengo mucho aprecio. Era Julio Rank. Él habló conmigo y me dijo que había un proyecto de un canal de televisión en El Salvador. “Te hemos seguido la pista y ceo que eres una persona que nos puedes ayudar en este proyecto”, me dijo.

¿Tú ya conocías a Julio?

No, no lo conocía. No solo era Julio, sino también Orlando Lorenzana. Los dos se me acercaron. La idea era abrir Canal 12, pero que tuviera noticiero, porque en ese momento ningún canal de televisión en El Salvador tenía noticiero. Existía Teleprensa en Canal 2, pero en ese tiempo era una especie de magazine, que no tenía locutores en cámara ni periodistas.

No estaba muy guindado de la realidad.

No, no. Tenía tanta importancia los nuevos uniformes del Banco Cuscatlán como una noticia de primer lugar. Era una sola mezcla. No se reporteaba la información. No tenía locutores en cámara ni periodistas. Era todo en off. Para mí no era un noticiero. Bueno, entonces, la idea era fundar Canal 12, pero que tuviera noticiero. Para eso me buscaron. A mí me gustó la idea, lo vi como una extensión para seguirme quedando aquí.

¿La cabeza del proyecto era Julio Rank?

Era Julio Rank con Orlando Lorenzana. Ellos habían tenido el contacto para conseguir una frecuencia televisiva.

En el fondo fueron visionarios.

Ellos trabajaban en TCS. Los dos eran vendedores de TCS.

Entonces traicionaron a TCS.

¡Jajaja! Yo no sé si esa es la palabra adecuada. Más bien se salieron de TCS y me buscaron a mí para que yo hiciera el noticiero, que era la cosa gruesa. A mí me gustó la idea, pero yo les propuse que el noticiero fuera una sociedad anónima, aparte del canal. A ellos les gustó la idea. Así es que, en un inicio, yo fui socio del noticiero del Canal 12. Metí todo el dinero que había ganado como corresponsal. Compramos equipo y el canal apareció en el año 1985.

¿Quiénes eran tus reporteros en ese tiempo?

Antes déjame decirte cómo estaba la cuestión accionaria, porque cuando yo me metí no sabía que estaba una persona detrás del proyecto. Era el que tenía la mayoría de acciones.

O sea que los socios que estaban frente a ti eran socios industriales.

Claro, y estaba el señor Ángel González, el actual dueño de Canal 12. Ese era el socio principal. Yo no lo sabía. Él fue el socio principal porque puso todos los equipos y les dijo a ellos que se iba a quedar con el 51% de las acciones.

Él vivía en Guatemala y hasta donde entiendo vendía programas en El Salvador.

Exacto. Yo me metí con todo. Hice el noticiero. El noticiero fue exitoso, el canal no. El noticiero vendía 1 millón y el canal vendía 50. Era el noticiero nada más. A la sociedad le iba muy bien. De pronto el canal comenzó a entrar en quiebra, en serios problemas. Ángel González estaba muy enojado y parece que hubo ahí un cruce de demandas. Yo ya había hecho el noticiero.

¿Y con quién lo hacías?

Es que yo terminé solo ahí. Porque con este programa que tenían con Ángel González, tanto Julio como Orlando tuvieron problemas. Yo les había dado la idea a ellos que hiciéramos una apertura matinal, porque en El Salvador no había televisión en la mañana, la televisión empezaba a las doce del día. Pero yo venía de afuera y sabía que en todo el mundo la transmisión comienza a la seis de la mañana. Ya había hecho el proyecto, ya estábamos caminando, ya estábamos al aire con la televisión matinal. Entramos con la entrevista como hoy en día existen. Fue una idea mía sacar entrevistas matinales. Ya habíamos avanzado como canal, yo ya me había metido en otras cosas. Y fue en  ese momento, de la crisis financiera, que apareció Jorge Zedán, quien le había comprado las acciones a Ángel González en México. Sale de Canal 12 Julio Rank y Orlando Lorenzana. Jorge Zedán me pide que me quede como gerente general y yo le digo que no podía ocupar ese cargo porque nunca en mi vida había sido gerente general de una televisión. Le dije que era periodista y que sabía hacer noticias. Me dijo que le presentara a alguien. Le presenté a dos personas y al cabo de tres meses los quitó a los dos. Al final me obligó a que yo fuera gerente general. Así empezó la historia de Canal 12. Fui gerente general durante nueve años.

Hiciste siempre el tramo matinal.

Todo. Hicimos el tramo matinal y montamos el noticiero. Éramos el noticiero más fuerte en ese momento. Se llama Al Día. Después le cambiaron nombre. Hicimos programas. La Tenchis comenzó ahí.

¿Quiénes trabajaron contigo?

Estaba Alfredo Villarreal, Ernesto Rivas, que ahora es corresponsal para Univisión, estaba Salvador Castellanos, Mauricio Funes.

¿Cómo conociste a Mauricio Funes?

Alguien me dijo que era un buen muchacho, que era profesor auxiliar en la UCA y que hacía una cosita muy breve en Canal 10. Yo fui a hablar con él y le pregunté que si quería integrarse a un proyecto que yo tenía. Le pregunté si quería ser periodista y lo metí. Básicamente eran ellos. Bueno, estaban otros. Me acuerdo de Marcos Guevara, que es el esposo de la actual procuradora de Derechos Humanos. También estaba Carlitos Rivera, Iván Manzano y otros. Era un grupo muy interesante. Después se integró Aída Farrar, Diana Verónica Ramos, quien fue parte fundamental de mi equipo. Un montón de gente que sigue vigente. Algunos camarógrafos importantes que yo tuve como editores ahora están trabajando en Estados Unidos exitosamente.

Hasta donde entiendo, Mauricio termina haciéndote una huelga ahí. Una reyerta que acaba con tu salida del canal.

Sí. La verdad es que yo tuve un problema con Mauricio. Después que fuera muy cercano a mí, y que yo le tenía mucho aprecio, incluso llegué a ser su padrino cuando se casó con la Tía Bubu, que le decían. Pero después tuvimos un problemita. Él salió del canal y yo me fui porque fundé Canal 21.

¿Cuáles fueron los problemas con Mauricio Funes?

Mirá, conmigo no tuvo problemas. Fue básicamente con el jefe de prensa, pero yo no le di la razón y decidió salirse. Se fue para la UCA. Cuando yo me voy, y se van conmigo 40 personas, él vuelve llamado por Jorge Zedán. Se terminó transformando en el jefe de prensa del canal. Yo estaba en el proceso de fundar Canal 21. Yo me salí de Canal 12 y apareció un amigo que me dijo que conocía a una persona que tenía una frecuencia de televisión. Yo le dije que no quería más meterme en líos ni estar en televisión. Él me dijo que estaba interesante, que tenían la frecuencia pero que no tenían a un socio que pusiera el dinero.  Y yo me metí en el segundo lío. Recuerdo perfectamente bien que un amigo me llevó a hablar con el actual propietario de Megavisión, es decir, con Tony Safie.

¿Ya habían fundado Canal 21?

No. Andábamos buscando quien pusiera el pisto. Habíamos hablado con algunas personas pero había temor de competir con Telecorporación. En eso alguien me propuso que habláramos con un señor llamado Tony Safie, yo no sabía quién era. Nos reunimos en una bodega que tenía un solo escritorio y que estaba llena de productos alimenticios. Le presentamos el proyecto. Le dijimos  que estaba el canal de televisión pero que no había dinero. Le dije que tenía experiencia y que lo podía hacer funcionar. Tenía la gente del Canal 12. Básicamente yo lo hice porque tenía bajo mi hombro la responsabilidad de toda esa gente y había que darle trabajo. Eso fue lo que hicimos. Hice el Canal 21 para que la gente pudiera entrar ahí. Yo le puse el nombre y todo, pero en ese canal solo estuve un año. Yo estaba muy cansado.

Pero has sido un hombre inquietísimo en la televisión salvadoreña. Creando, fundando, saltando.

Sí.  Estuve un año en Canal 21 y la gente que se había salido conmigo de Canal 12 encontró un lugar para trabajar. Muchos siguen ahí. Megavisión ha sido exitoso. Ese nombre se lo puse yo, que era el nombre de un canal chileno. Para mí es muy bonito, hoy en día, ver Canal 12, ver Canal 21, y ver que ambas empresas están bien y existen. Después de eso me metí a lo que yo quería hacer desde hacía muchísimo tiempo que era fundar una empresa de asesoría de comunicaciones. Fundé una empresa con unos amigos y estuve un año asesorando. Tuve varios clientes importantes, incluso participé en el proceso de la privatización de ANTEL. Asesoramos todo ese proceso. Pero un año después estaba aburrido. Me hacían falta los medios. Y aparece José Alfredo Dutriz y me pide que vaya a dirigir La Noticia. “O lo cierro, o te venís tú”, me dijo.

Antes de esto, Nacho, ¿por qué nunca te quedaste con algún canal?

¿Cómo propietario?

Sí.

Yo pude haber conseguido una frecuencia, pude haber hecho muchas cosas, pero yo no soy de la parte empresarial. Yo soy un profesional. Nada más.

¿Y eras amigo de José Alfredo Dutriz  cuando te llaman a La Noticia?    

No. Es el Chele Torres el que me busca y me presenta con José Alfredo. Al Chele se le ocurrió que yo era la persona que podía rescatar ese periódico del Grupo Dutriz.

Era un periódico pequeño.

Claro. A mí me dieron ganas, porque yo venía de periódicos. Así es como me metí a La Noticia. El periódico lo cambiamos. Un día don Enrique Altamirano hizo un titular y dijo que Nacho Castillo estaba adecentando La Noticia. Tuve que responderle. Pero en realidad sí, porque yo le quité ese montón de morbo. Durante dos años fue un periódico donde sacamos varias investigaciones periodísticas, partiendo del caso del Seguro Social. Creo que esa fue la primera investigación periodística que se hizo en El Salvador. Fue el caso del Seguro Social donde probamos un montón de robos y el director del Seguro, que se llamaba Romeo,  tuvo que pasar muchos años fuera del país porque tuvo que huir. Fue la primera investigación que se hizo. Ahí estuve dos años. Hice un trabajo que me gustó mucho.  Después hubo un quiebre empresarial y terminamos creando radio RCS, Radio Corporación Salvadoreña, siempre con José Alfredo Dutriz, que fue una radio interesante porque creó un esquema diferente. Era un esquema como Radio 102nueve. Una radio hablada que tenía muchas entrevistas. Nosotros, por ejemplo, tuvimos la suerte que, a los pocos días de haber salido al aire, salió un artículo nuestro en el Washington Post, porque teníamos un programa que se llamaba “Hablemos claro”, en ese programa estaba el Pollo Samayoa y El Chato Vargas, entre otros. Al Washington Post le llamó la atención que después de los Acuerdos de Paz hubiese un programa de radio donde se enfrentaran un exguerrillero y un exmilitar.

Me da la impresión, mirándote de lejos, de que siempre tuviste el buen tino de meter programas nuevos.

Sí. Cuando uno trae la experiencia de afuera, aunque yo llegué relativamente joven acá, pero hay cosas que ves en el mundo que se pueden hacer. Yo siempre vi que en El Salvador se podían hacer cosas, por eso, cuando llegué a Canal 33, el cual dirigí por 14 años, también hicimos cosas interesantes como el programa De mujer a mujer, Buena onda, Ocho en punto  y muchas otras cosas. Durante 30 años he dirigido canales de televisión. Ser director de un canal pequeño implica estar a cargo de todo: de las ventas, la administración, la producción, de todo.  Terminé muy cansado. De repente medio enfermo. Dos veces al año caía al hospital y me daba de todo. Me afectaba mucho el estrés. Yo decidí dejar mi etapa, tenía ya 56 años,  de ser un todo e ir más tranquilo por la vida. Fue así como renuncié al Canal 33 y di a conocer que iba a dejar el canal y que iba a estar con disponibilidad, Me surgieron tres ofertas interesantes, incluso hasta de radio. Yo siempre tengo que agradecer el cariño de la gente. Me ofrecieron dos proyectos televisivos. Yo dije que no quería dirigir más canales de televisión, que solo quería hacer mi programa de entrevistas. Ahí surgió Telecorporación, que me ofreció que me fuera con ellos. Yo siempre había sido competidor de Telecorporación, pero siempre conocí a don Boris Esersky, a quien aprecio mucho, y lo considero un tipo extremadamente inteligente en el manejo televisivo. En mi última etapa en Canal 33 traté de no competirles, sino de hacer cosas diferentes porque don Boris es un hombre que sabe manejar muy bien la televisión. Bueno, él me hizo un ofrecimiento cálido y bonito. Acepté y me dije: de ahora en adelante solo me quedo haciendo el programa. Ya voy para los 60 años, tengo que calmarme un poco, la salud también es importante. Ahora ya llevo cinco años en Telecorporación haciendo un programa que se llama Debate con Nacho Castillo, con el que estoy muy contento. Espero terminar haciendo eso hasta que me jubile.

¿Cuánto tiempo más en la televisión Nacho?

No sé. Uno nunca sabe. El día de mañana te pueden decir que ya no. Por eso hay que reinventarse. Lo más importante en los medios es que siempre debes reinventarte. Yo sigo pensando como reinventarme, porque las caras aburren, lo mismo de siempre te puede aburrir. A la audiencia hay que capturarla, cautivarla. Es un trabajo. En los medios uno no se puede hacer viejo.

¿Piensas quedarte en El Salvador?

Claro. Ya me quedé en El Salvador, ya soy salvadoreño. Llevo 17 años con la nacionalidad salvadoreña. Llevo 34 años viviendo en El Salvador, más de los que viví en Chile. Soy absolutamente salvadoreño. Mis hijos son nacidos en El Salvador. Mi única nieta, que estoy feliz con ella, es salvadoreña. Mi yerno es salvadoreño. Demasiadas raíces tengo en El Salvador. Incluso me casé en El Salvador. Yo me traje la novia de Chile pero me casé en El Salvador. Por lo tanto seguiré aquí.

Alguna vez en el ejercicio del periodismo llegaste a tocar alguna situación límite por alguna confrontación con el poder.

Sí. Y a mí me gusta hablar mucho de esto porque yo creo que los periodistas debemos de aceptar que esas cosas son así. Yo estuve dos veces con orden de salida del país. Dos veces recibí telegramas.

¿Por órdenes de algún gobernante que no te quería?

El primero que me hizo la orden de expulsión fue el gobierno de Duarte, con quien supuestamente éramos amigos.

Jaja. ¿No te quería Duarte?

Fíjate que saqué una información que molestaron mucho al presidente Duarte y a su hijo Alejandro. Era básicamente sobre una radio que tenía financiamiento alemán y que parece que hubo algo. De repente recibí la orden para que abandonara el país en 48 horas.

¿Y cómo arreglaste?

Las dos veces lo arreglé igual. La segunda vez me lo mandó Mario Acosta, en el gobierno de Armando Calderón Sol, quien me pedía que abandonara el país en 48 horas. Las dos veces lo solucioné con presión interna. La primera vez llamé a monseñor Gregorio Rosa Chávez, quien era mi amigo. Llamé a Fito Rey Prendes, quien era mi amigo. Y llamé a otra gente que hizo presión. La segunda vez, los trabajadores del canal amenazaron con parar el canal si me sacaban del país. Me fui a meter a la oficina de Mario Acosta y no me recibió, pero le dejé dicho con sus asesores que estaba cometiendo un grave error porque me estaba censurando por los editoriales del periódico La Noticia, y ese diario era propiedad de una empresa que se llamaba Dutriz Hermanos, y que los editoriales eran de la empresa, no míos. Horas después me estaba escribiendo Mario diciéndome que no hiciera caso de eso, que había sido un error. A pesar de eso, de los dos soy  amigo. Otro enfrentamiento con el poder fue para la ofensiva de 1989. El canal fue intervenido y había una radio, la radio Nacional, que durante todo el día lanzaba amenazas contra Jorge Zedán y contra mí diciendo que éramos un canal traidor, canal guerrillero. Antes me decían que era de izquierda, ahora que soy de derecha.

Las anclas de Nacho Castillo

Por: Lafitte Fernández
mayo 8, 2017

Tiene una carrera de más de veinte años en la televisión y un paso retardado por el desaparecido diario La Noticia.

Foto: 102nueve

Tiene una carrera de más de veinte años en la televisión y un paso retardado por el desaparecido diario La Noticia.

Los planes iniciales de Narciso Castillo consistían en  viajar de Chile a El Salvador y quedarse un par de años. Casi treinta años después, Nacho no volvió a su país. Morirá en El Salvador. Más ahora que tiene una pequeña nieta nacida en El Salvador que Nacho enseñorea.

Tal vez la clave personal de Nacho Castillo es que, durante tantos años, ha sabido reinventarse. Poco a poco, desde hace mucho tiempo, se ha convertido en unos de los periodistas más influyentes de El Salvador. Sabe leer los tiempos.

En un país donde quienes guían la televisión creen que no se puede vivir sin programas de entrevistas a todas horas, Nacho Castillo siempre hace una diferencia. Sobre todo porque Nacho prepara adecuadamente sus diálogos, conoce con mucha profundidad la realidad salvadoreña pero, sobre todo, aplica, minuto a minuto, una buena dosis de juicio crítico con el que no deja respirar a sus invitados.

Nacho Castillo tiene una carrera de más de veinte años en la televisión y un paso retardado por el desaparecido diario La Noticia. Cuando le ha tocado dirigir un canal de televisión, siempre ha tenido una virtud: es bueno aplicándole nuevos programas que rápidamente levantan buenos niveles de audiencia. Domina las buenas ideas periodísticas.

Nacho ya no dirige noticieros de televisión. Dejó de hacerlo hace rato. Ahora tiene una vida más reposada. Su programa de entrevistas es nocturno. Arranca a las ocho de la noche. El resto del día es ejercicio de libertad para él.

No sé hace cuántos años conocí a Narciso Castillo. Creo que nos presentó, hace muchos años, José Alfredo Dutriz. Aún antes de que Nacho dirigiera una radioemisora muy influyente en la que tenía a su lado a Salvador Samayoa.

Luego el periodismo nos llenó de amigos comunes, de que esos que disectan la realidad y que tratan de encontrar caminos sensatos para entendernos.

Con Nacho he pasado muchas, muchísimas largas y sobresaltadas conversaciones sobre todo cuanto le ocurre a El Salvador. Esos cruces de notas  son, muchas veces, saludables. No todo periodista tiene siempre toda la verdad. Por más diletante que sea, no todo periodista tiene el juicio acertado para interpretar la realidad. Casi siempre debe convocar otras voces. Por eso la tertulia es una de las armas más enriquecedoras que tiene el periodista. Con Nacho siempre se va a ejercer la tertulia.

Con el tiempo, a Nacho lo han acusado de todo. Sobre todo en esta sociedad deslegitimadora. Pero no es nada de lo que se dice. Pocos atinan a definirlo como lo que es: un periodista. Así de simple. Estoy seguro que Nacho duerme tranquilo y seguirá reinventándose cuantas veces pueda.

Esto es lo que conversé esa noche con Nacho Castillo:

¿Quién es Nacho Castillo?, ¿cómo te puedes definir?

Yo soy una persona muy común. Nací en Chile, en un hogar de clase media. Jamás pensé que iba a salir de mi país. Fueron las circunstancias las que me trajeron a El Salvador. Llegué aquí a los 28 años porque el esposo de mi hermana trabajaba acá. Me vine un mes de vacaciones. Lo pasé estupendamente bien a pesar que el país estaba en guerra, pero yo sabía que venía a un país muy noticioso. Era el año 1982 y El Salvador era uno de los países más noticiosos del mundo. Estaba a la altura de lo que ahora es Siria.

¿Qué hacías en Chile?

Cuando me vine era periodista en La Tercera, el periódico de mayor circulación del país. Yo llevaba cuatro años trabajando en ese diario. Estaba muy bien, tanto que, cuando les dije a los jefes que me venía a Centroamérica, me dijeron que cometía un error porque yo tenía futuro en el periódico. De hecho, ya era editor nocturno. Antes había trabajado en radio. Trabajé como cuatro años en radio.

¿Comenzaste en el periodismo muy joven?

Yo primero estudié sociología. Después estudié periodismo. Comencé a trabajar de 24 años en el periodismo.

¿Por qué periodismo?

Fue una cosa que nunca lo pensé. En ese entonces no tenía ningún familiar en el periodismo. Ahora tengo un sobrino que es un gran periodista televisivo, editor político en un canal de televisión. Pero antes no. Se dio por casualidad. Yo estudiaba sociología, pero al cuarto año tuve mis dudas. Sociología es una carrera maravillosa, que aprendes mucho, pero en términos de querer trabajar es difícil. Cierto día me di cuenta que iban estar abiertas tres plazas de periodismo para un semestre determinado. Opté por una de esas plazas y entré a la carrera de periodismo. Y ahí me quedé. Me gustó desde un principio y disfruté muchísimo la carrera.

¿Cómo vienes a El Salvador?

Mi hermana se vino a El Salvador. Yo tengo una sola hermana. Ella vino en el año 1982, me parece,  o principios de 1981. Se vino con su esposo porque él venía a un proyecto que se llamaba IBEPO, del cual se decían muchas cosas.

IBEPO, hasta donde entiendo, era un proyecto político de la Democracia Cristiana.

Era un proyecto de apoyo que se creó en el gobierno de Álvaro Magaña. Era un proyecto de apoyo a la Democracia Cristiana de ese momento por parte de la Democracia Cristiana internacional. Mi cuñado era un dirigente democratacristiano. Vino con otra gente y se trajo a mi hermana porque eran casados. Yo comencé a conocer El Salvador por mi hermana, porque yo vivía en Chile y ella me enviaba cartas donde me escribía y me hablaba de El Salvador, y como era mi única hermana, era como la mitad mía, yo era muy pana de ella. Ni siquiera había pasado un año cuando me mandó los boletos. Me dijo que me extrañaba demasiado, que la estaba pasando bien en El Salvador, que le gustaba el país, que tenía muchos amigos que la tratan muy bien. “Quiero que vengás”, me dijo.

¿Inicialmente te viniste a pasear?

Sí, a pasear. Pedí permiso por 20 días en el periódico para venir a El Salvador. Les dije que les iba a mandar material. Me recomendaron que me llevara la cámara y que mandara material. Vine acá y en el tercer día ya estaba metido en la guerra, en actividades de corresponsalía para el periódico. Eso fue a inicios de 1983. Me acuerdo que mandé tanto material que hice varias páginas. En una oportunidad hice portada y dos páginas. Rara vez una noticia internacional tenía tanta trascendencia, pero yo tenía varias imágenes y una narración fabulosa de un ataque muy duro a Berlín. Fue muy dramático y lo escribí completo para el periódico. Y así les fui  mandando. Aquí conocí a la tropa de periodistas que había en El Salvador. Había periodistas maravillosos de todo el mundo. El Salvador era una fuente internacional muy importante. Tenía periodistas holandeses, norteamericanos…

De lo mejor.

De lo mejor del mundo. Yo era parte de ellos. Me veía todos los días con ellos. Nos encontrábamos en los lugares noticiosos todos los días. Había un muchacho venezolano que trabajaba con muy pocas ganas. Me decía: “yo vine aquí porque me mandaron, pero a mí no me gusta estar en estas cosas”. Le pregunté que para quién trabajaba. Me respondió que para Venevisión. Yo le dije que siempre había estado interesado en trabajar en Venevisión.  “Querés que te contacte”, me dijo. Yo le dejé mi número telefónico. A los cinco días me estaban llamando de Venevisión para hacer una entrevista con ellos porque les interesaba que yo fuera corresponsal en Centroamérica. “Dios mío, que estoy haciendo”, me dije. ¡Jaja!

Me estoy descarrilando, dijiste. ¡Jajaja!

¡Claro! Pero me interesó. Fui a Venezuela y me entrevisté. Recuerdo que me recibió el vicepresidente de noticias de Venevisión. Le mostré lo que había hecho y le gustó. Me pidió que me quedara en Centroamérica. Me ofrecieron que me iban a pagar bien. Fue así como me transformé en corresponsal de Venevisión. Fui a Chile y me vine con todos los petates. Mi hermana estaba feliz que yo volviera a El Salvador.  El diario donde estaba me hizo un contrato para que le enviara material.

¿Sumaste corresponsalías? 

Sí. También hubo un noticiero colombiano que se llamaba 24 Horas que me pidió que le enviara material. También colaboré con lo que hoy en día es Univisión. Hacía un solo material y cambiaba solo el micrófono. Fue así que me convertí en corresponsal de varios medios. Me fue muy bien. Rápidamente pude comprar un apartamento y un vehículo. Todo.

Pero, ¿con IBEPO no trabajaste?

No. Solo la relación con mi cuñado. Bueno, cuando llegué acá, para conseguir el permiso de estadía, porque en ese tiempo se necesitaba visa, lo hice a través de ellos. Eso sí, alguna huella legal hay. También, cuando comencé a hacer este trabajo les alquilé un camarógrafo y me dediqué hacer corresponsalía internacional. En un tiempo también IBEPO me pidió asesorar la creación de COPREFA.

O sea que no era una rama política, sino fundamentalmente una asesoría de medios de comunicación. ¿Qué era IBEPO aquí?

Mirá, yo siempre me lo pregunté. Si hoy en día me  preguntas que si eso tenía algo que ver con la CIA, yo te respondo que capaz que sí.

Sí, porque todo eso se encubría en ese tiempo.

Claro. Lo que pasa es que a veces la CIA hace cosas que los que trabajan ahí no saben. Pero, por ejemplo, IBEPO hacía un trabajo de prensa en favor con Álvaro Magaña y después con el presidente José Napoleón Duarte. Pero, IBEPO también tenía una rama que apoyaba la seguridad pública, por ejemplo, cuando El Salvador firmó un convenio para poder averiguar el asesinato de Monseñor Romero, IBEPO estaba detrás. En ese tiempo el enemigo de ARENA era IBEPO, porque lo consideraba una extensión extranjera, injerencista.

Era una injerencia democratacristiana, pero con una luz venezolana.

A ver, yo te voy a decir una cosa. Esto es interesante entenderlo. La Venezuela de hoy en día es muy diferente a la Venezuela de antes. Quizá el país que nunca debió caer en manos de la izquierda, como se conoce hoy en día, debió haber sido Venezuela, porque no existía en América Latina un país tan pro-norteamericano como Venezuela.

Además proyectaba muchísimo hacia los partidos políticos centroamericanos.

Para mí Venezuela era un portaaviones de Estados Unidos en América Latina. Si, por ejemplo, Estados Unidos tenía 20 tenía agentes de la CIA en Chile, 40 en Argentina y 100 en Brasil, en Venezuela tenía 500. Desde Venezuela se hacía mucha actividad política pro Estados Unidos en todo el resto.

Y, además, yo creo que hay que decirlo, era el país que ponía el billete en la política de Centroamérica. No sé de dónde salía, pero sí financiaban.

Era un billete que seguramente venía de las arcas de Estados Unidos. Yo tengo esa impresión, pero no te lo puedo negar. Si le preguntas a mi cuñado, que murió hace poco, yo también se lo pregunté en su momento, su respuesta era: “No, Nacho, eso no lo creo”. Yo le decía: “Yo lo huelo, lo siento”. ¡Jaja! Bueno, seguramente el máximo de ahí sí sabía con quién estaba involucrado. Pero, en el fondo, la política norteamericana era ayudar a los gobiernos demócratas cristianos, a los gobiernos que pudieran ser una alternativa para evitar la entrada del marxismo en Centroamérica o en El Salvador.

Servían de intermediarios.

Claro.

Era, posiblemente, de aquellos proyectos latinos relacionados con latinos, aunque los que inyectaban plata eran los estadounidenses.

Correcto.

Ahora, no recuerdo el nombre, pero este policía famoso que tocaste…

Rivera.

Ese. ¿Cómo es, Nacho?  ¿Qué hacía Rivera? ¿Estaban en una sola base?

No. Yo no trabajaba ahí. Físicamente no trabajaba ahí. Yo a Rivera lo habré visto unas tres veces. Lo vi muy poco. Yo sé que ellos tenían una oficina en la colonia San Francisco. Eso sabía yo. Ahí operaba con un grupo de gente. Mirá, yo no te podría hablar mucho de Rivera porque en ese tiempo veías a tanta gente. Este era un país en guerra donde había demasiada gente extraña.

Es verdad. Yo estuve aquí. Era una Casa Blanca esto. Había espías de todos los tamaños, de todas las divisiones, de todos los idiomas. Se mataban entre ellos. Se desaparecían.

Yo recuerdo que un día nos invitó a su casa el que era en ese momento el secretario de Comunicaciones de la presidencia, Gerardo Le Chevallier, quien murió en Haití. Bueno, nos invitó a un coctel a su casa. Había muchos periodistas internacionales tomándose un trago en su casa. De repente viene un amigo mío, venezolano, me tomó de la mano y me dijo: “No te vayas a meter ahí, cuidado con el que está ahí tomando en ese grupo de gente”. “¿Quién es ese?”, le pregunté. Era Luis Posada Carriles.

Que, por cierto, Posada Carriles tuvo una vida y mil proyectos en El Salvador. Es más, desde el Irán-Contra.

Claro. El Salvador era un país donde estaban metiendo mano todas las superpotencias, donde había mucha gente extraña. Posada Carriles fue uno de ellos. Rivera fue otro.

Rivera era venezolano.

Este Rivera vino normalmente, porque yo recuerdo que en una ocasión viajé con el presidente José Napoleón Duarte a Venezuela. Fue su primer viaje a Venezuela como presidente. Viajó y firmó con el presidente de Venezuela un convenio de cooperación judicial. Por ese convenio vino esta comisión donde estaba Rivera, quien era comisionado de la Policía Judicial Venezolana. Duarte quería que se investigaran dos cosas fundamentales: primero, el asesinato de Monseñor Romero; segundo, los secuestros. Los dos casos fueron exitosísimos. La mejor investigación que existe sobre la muerte de Monseñor Romero la hizo este grupo de venezolanos. Y, la segunda, la de los secuestros, lograron desbaratar toda la banda de Orlando Ballette y compañía. Era una banda de ricos secuestrando ricos en El Salvador. Se hizo una buena labor. Yo creo que Rivera, con el tiempo, se fue maleando.

Y acabó siendo capo en Guatemala.

Claro.  Pero él ya no era parte de un convenio entre gobiernos.  Era un civil que se quedó aquí haciendo otras cosas y luego se fue. Una vez,  fue la tercera vez que lo vi, porque muy pocas veces lo vi, me lo encontré en un avión. Él me conoció a mí. Fue una semana antes que lo mataran en Guatemala. Me lo encontré en el avión y básicamente me saludó. Me preguntó si seguía en El Salvador. Le dije que sí. “Estoy en Guatemala, a la orden”, me dijo. Nada más.

¿Por qué ARENA le dio tanto poder a Rivera?

No lo sé. Hay que recordar que ARENA odiaba todo eso. Odiaba a IBEPO y a toda la estructura. Odiaba a Rivera.

Pero después lo reclutó.

Lo reclutó Hugo Barrera siendo ministro y se transformó en un hombre importante para él. Ahí fue donde hizo la segunda parte en El Salvador. La primera parte la hizo con la Democracia Cristiana. Después fue con ARENA. Recordemos que ARENA lo veía como un enemigo, como un entrometido. Claro, estaba tocando fibras sensibles con alguna gente importante del partido.

Regresando un poco a tu historia. Llegas a El Salvador y te haces corresponsal de algunos medios. ¿Qué haces después?

Esto duró dos años. De pronto empezó a bajar el nivel de interés en El Salvador. Yo me acuerdo que, en un inicio, había algunos medios de comunicación internacionales que estaban en el Camino Real y tenían alquilados hasta siete cuartos solo para un medio. Pero después hubo un bajón fuerte donde El Salvador ya no era lo mismo de antes. Pero no hice mis maletas. Me quedé. Eso significó alquilar una casa, tratar de vivir bien. En eso aparece un señor, que siento mucho que ahora esté detenido, que le tengo mucho aprecio. Era Julio Rank. Él habló conmigo y me dijo que había un proyecto de un canal de televisión en El Salvador. “Te hemos seguido la pista y ceo que eres una persona que nos puedes ayudar en este proyecto”, me dijo.

¿Tú ya conocías a Julio?

No, no lo conocía. No solo era Julio, sino también Orlando Lorenzana. Los dos se me acercaron. La idea era abrir Canal 12, pero que tuviera noticiero, porque en ese momento ningún canal de televisión en El Salvador tenía noticiero. Existía Teleprensa en Canal 2, pero en ese tiempo era una especie de magazine, que no tenía locutores en cámara ni periodistas.

No estaba muy guindado de la realidad.

No, no. Tenía tanta importancia los nuevos uniformes del Banco Cuscatlán como una noticia de primer lugar. Era una sola mezcla. No se reporteaba la información. No tenía locutores en cámara ni periodistas. Era todo en off. Para mí no era un noticiero. Bueno, entonces, la idea era fundar Canal 12, pero que tuviera noticiero. Para eso me buscaron. A mí me gustó la idea, lo vi como una extensión para seguirme quedando aquí.

¿La cabeza del proyecto era Julio Rank?

Era Julio Rank con Orlando Lorenzana. Ellos habían tenido el contacto para conseguir una frecuencia televisiva.

En el fondo fueron visionarios.

Ellos trabajaban en TCS. Los dos eran vendedores de TCS.

Entonces traicionaron a TCS.

¡Jajaja! Yo no sé si esa es la palabra adecuada. Más bien se salieron de TCS y me buscaron a mí para que yo hiciera el noticiero, que era la cosa gruesa. A mí me gustó la idea, pero yo les propuse que el noticiero fuera una sociedad anónima, aparte del canal. A ellos les gustó la idea. Así es que, en un inicio, yo fui socio del noticiero del Canal 12. Metí todo el dinero que había ganado como corresponsal. Compramos equipo y el canal apareció en el año 1985.

¿Quiénes eran tus reporteros en ese tiempo?

Antes déjame decirte cómo estaba la cuestión accionaria, porque cuando yo me metí no sabía que estaba una persona detrás del proyecto. Era el que tenía la mayoría de acciones.

O sea que los socios que estaban frente a ti eran socios industriales.

Claro, y estaba el señor Ángel González, el actual dueño de Canal 12. Ese era el socio principal. Yo no lo sabía. Él fue el socio principal porque puso todos los equipos y les dijo a ellos que se iba a quedar con el 51% de las acciones.

Él vivía en Guatemala y hasta donde entiendo vendía programas en El Salvador.

Exacto. Yo me metí con todo. Hice el noticiero. El noticiero fue exitoso, el canal no. El noticiero vendía 1 millón y el canal vendía 50. Era el noticiero nada más. A la sociedad le iba muy bien. De pronto el canal comenzó a entrar en quiebra, en serios problemas. Ángel González estaba muy enojado y parece que hubo ahí un cruce de demandas. Yo ya había hecho el noticiero.

¿Y con quién lo hacías?

Es que yo terminé solo ahí. Porque con este programa que tenían con Ángel González, tanto Julio como Orlando tuvieron problemas. Yo les había dado la idea a ellos que hiciéramos una apertura matinal, porque en El Salvador no había televisión en la mañana, la televisión empezaba a las doce del día. Pero yo venía de afuera y sabía que en todo el mundo la transmisión comienza a la seis de la mañana. Ya había hecho el proyecto, ya estábamos caminando, ya estábamos al aire con la televisión matinal. Entramos con la entrevista como hoy en día existen. Fue una idea mía sacar entrevistas matinales. Ya habíamos avanzado como canal, yo ya me había metido en otras cosas. Y fue en  ese momento, de la crisis financiera, que apareció Jorge Zedán, quien le había comprado las acciones a Ángel González en México. Sale de Canal 12 Julio Rank y Orlando Lorenzana. Jorge Zedán me pide que me quede como gerente general y yo le digo que no podía ocupar ese cargo porque nunca en mi vida había sido gerente general de una televisión. Le dije que era periodista y que sabía hacer noticias. Me dijo que le presentara a alguien. Le presenté a dos personas y al cabo de tres meses los quitó a los dos. Al final me obligó a que yo fuera gerente general. Así empezó la historia de Canal 12. Fui gerente general durante nueve años.

Hiciste siempre el tramo matinal.

Todo. Hicimos el tramo matinal y montamos el noticiero. Éramos el noticiero más fuerte en ese momento. Se llama Al Día. Después le cambiaron nombre. Hicimos programas. La Tenchis comenzó ahí.

¿Quiénes trabajaron contigo?

Estaba Alfredo Villarreal, Ernesto Rivas, que ahora es corresponsal para Univisión, estaba Salvador Castellanos, Mauricio Funes.

¿Cómo conociste a Mauricio Funes?

Alguien me dijo que era un buen muchacho, que era profesor auxiliar en la UCA y que hacía una cosita muy breve en Canal 10. Yo fui a hablar con él y le pregunté que si quería integrarse a un proyecto que yo tenía. Le pregunté si quería ser periodista y lo metí. Básicamente eran ellos. Bueno, estaban otros. Me acuerdo de Marcos Guevara, que es el esposo de la actual procuradora de Derechos Humanos. También estaba Carlitos Rivera, Iván Manzano y otros. Era un grupo muy interesante. Después se integró Aída Farrar, Diana Verónica Ramos, quien fue parte fundamental de mi equipo. Un montón de gente que sigue vigente. Algunos camarógrafos importantes que yo tuve como editores ahora están trabajando en Estados Unidos exitosamente.

Hasta donde entiendo, Mauricio termina haciéndote una huelga ahí. Una reyerta que acaba con tu salida del canal.

Sí. La verdad es que yo tuve un problema con Mauricio. Después que fuera muy cercano a mí, y que yo le tenía mucho aprecio, incluso llegué a ser su padrino cuando se casó con la Tía Bubu, que le decían. Pero después tuvimos un problemita. Él salió del canal y yo me fui porque fundé Canal 21.

¿Cuáles fueron los problemas con Mauricio Funes?

Mirá, conmigo no tuvo problemas. Fue básicamente con el jefe de prensa, pero yo no le di la razón y decidió salirse. Se fue para la UCA. Cuando yo me voy, y se van conmigo 40 personas, él vuelve llamado por Jorge Zedán. Se terminó transformando en el jefe de prensa del canal. Yo estaba en el proceso de fundar Canal 21. Yo me salí de Canal 12 y apareció un amigo que me dijo que conocía a una persona que tenía una frecuencia de televisión. Yo le dije que no quería más meterme en líos ni estar en televisión. Él me dijo que estaba interesante, que tenían la frecuencia pero que no tenían a un socio que pusiera el dinero.  Y yo me metí en el segundo lío. Recuerdo perfectamente bien que un amigo me llevó a hablar con el actual propietario de Megavisión, es decir, con Tony Safie.

¿Ya habían fundado Canal 21?

No. Andábamos buscando quien pusiera el pisto. Habíamos hablado con algunas personas pero había temor de competir con Telecorporación. En eso alguien me propuso que habláramos con un señor llamado Tony Safie, yo no sabía quién era. Nos reunimos en una bodega que tenía un solo escritorio y que estaba llena de productos alimenticios. Le presentamos el proyecto. Le dijimos  que estaba el canal de televisión pero que no había dinero. Le dije que tenía experiencia y que lo podía hacer funcionar. Tenía la gente del Canal 12. Básicamente yo lo hice porque tenía bajo mi hombro la responsabilidad de toda esa gente y había que darle trabajo. Eso fue lo que hicimos. Hice el Canal 21 para que la gente pudiera entrar ahí. Yo le puse el nombre y todo, pero en ese canal solo estuve un año. Yo estaba muy cansado.

Pero has sido un hombre inquietísimo en la televisión salvadoreña. Creando, fundando, saltando.

Sí.  Estuve un año en Canal 21 y la gente que se había salido conmigo de Canal 12 encontró un lugar para trabajar. Muchos siguen ahí. Megavisión ha sido exitoso. Ese nombre se lo puse yo, que era el nombre de un canal chileno. Para mí es muy bonito, hoy en día, ver Canal 12, ver Canal 21, y ver que ambas empresas están bien y existen. Después de eso me metí a lo que yo quería hacer desde hacía muchísimo tiempo que era fundar una empresa de asesoría de comunicaciones. Fundé una empresa con unos amigos y estuve un año asesorando. Tuve varios clientes importantes, incluso participé en el proceso de la privatización de ANTEL. Asesoramos todo ese proceso. Pero un año después estaba aburrido. Me hacían falta los medios. Y aparece José Alfredo Dutriz y me pide que vaya a dirigir La Noticia. “O lo cierro, o te venís tú”, me dijo.

Antes de esto, Nacho, ¿por qué nunca te quedaste con algún canal?

¿Cómo propietario?

Sí.

Yo pude haber conseguido una frecuencia, pude haber hecho muchas cosas, pero yo no soy de la parte empresarial. Yo soy un profesional. Nada más.

¿Y eras amigo de José Alfredo Dutriz  cuando te llaman a La Noticia?    

No. Es el Chele Torres el que me busca y me presenta con José Alfredo. Al Chele se le ocurrió que yo era la persona que podía rescatar ese periódico del Grupo Dutriz.

Era un periódico pequeño.

Claro. A mí me dieron ganas, porque yo venía de periódicos. Así es como me metí a La Noticia. El periódico lo cambiamos. Un día don Enrique Altamirano hizo un titular y dijo que Nacho Castillo estaba adecentando La Noticia. Tuve que responderle. Pero en realidad sí, porque yo le quité ese montón de morbo. Durante dos años fue un periódico donde sacamos varias investigaciones periodísticas, partiendo del caso del Seguro Social. Creo que esa fue la primera investigación periodística que se hizo en El Salvador. Fue el caso del Seguro Social donde probamos un montón de robos y el director del Seguro, que se llamaba Romeo,  tuvo que pasar muchos años fuera del país porque tuvo que huir. Fue la primera investigación que se hizo. Ahí estuve dos años. Hice un trabajo que me gustó mucho.  Después hubo un quiebre empresarial y terminamos creando radio RCS, Radio Corporación Salvadoreña, siempre con José Alfredo Dutriz, que fue una radio interesante porque creó un esquema diferente. Era un esquema como Radio 102nueve. Una radio hablada que tenía muchas entrevistas. Nosotros, por ejemplo, tuvimos la suerte que, a los pocos días de haber salido al aire, salió un artículo nuestro en el Washington Post, porque teníamos un programa que se llamaba “Hablemos claro”, en ese programa estaba el Pollo Samayoa y El Chato Vargas, entre otros. Al Washington Post le llamó la atención que después de los Acuerdos de Paz hubiese un programa de radio donde se enfrentaran un exguerrillero y un exmilitar.

Me da la impresión, mirándote de lejos, de que siempre tuviste el buen tino de meter programas nuevos.

Sí. Cuando uno trae la experiencia de afuera, aunque yo llegué relativamente joven acá, pero hay cosas que ves en el mundo que se pueden hacer. Yo siempre vi que en El Salvador se podían hacer cosas, por eso, cuando llegué a Canal 33, el cual dirigí por 14 años, también hicimos cosas interesantes como el programa De mujer a mujer, Buena onda, Ocho en punto  y muchas otras cosas. Durante 30 años he dirigido canales de televisión. Ser director de un canal pequeño implica estar a cargo de todo: de las ventas, la administración, la producción, de todo.  Terminé muy cansado. De repente medio enfermo. Dos veces al año caía al hospital y me daba de todo. Me afectaba mucho el estrés. Yo decidí dejar mi etapa, tenía ya 56 años,  de ser un todo e ir más tranquilo por la vida. Fue así como renuncié al Canal 33 y di a conocer que iba a dejar el canal y que iba a estar con disponibilidad, Me surgieron tres ofertas interesantes, incluso hasta de radio. Yo siempre tengo que agradecer el cariño de la gente. Me ofrecieron dos proyectos televisivos. Yo dije que no quería dirigir más canales de televisión, que solo quería hacer mi programa de entrevistas. Ahí surgió Telecorporación, que me ofreció que me fuera con ellos. Yo siempre había sido competidor de Telecorporación, pero siempre conocí a don Boris Esersky, a quien aprecio mucho, y lo considero un tipo extremadamente inteligente en el manejo televisivo. En mi última etapa en Canal 33 traté de no competirles, sino de hacer cosas diferentes porque don Boris es un hombre que sabe manejar muy bien la televisión. Bueno, él me hizo un ofrecimiento cálido y bonito. Acepté y me dije: de ahora en adelante solo me quedo haciendo el programa. Ya voy para los 60 años, tengo que calmarme un poco, la salud también es importante. Ahora ya llevo cinco años en Telecorporación haciendo un programa que se llama Debate con Nacho Castillo, con el que estoy muy contento. Espero terminar haciendo eso hasta que me jubile.

¿Cuánto tiempo más en la televisión Nacho?

No sé. Uno nunca sabe. El día de mañana te pueden decir que ya no. Por eso hay que reinventarse. Lo más importante en los medios es que siempre debes reinventarte. Yo sigo pensando como reinventarme, porque las caras aburren, lo mismo de siempre te puede aburrir. A la audiencia hay que capturarla, cautivarla. Es un trabajo. En los medios uno no se puede hacer viejo.

¿Piensas quedarte en El Salvador?

Claro. Ya me quedé en El Salvador, ya soy salvadoreño. Llevo 17 años con la nacionalidad salvadoreña. Llevo 34 años viviendo en El Salvador, más de los que viví en Chile. Soy absolutamente salvadoreño. Mis hijos son nacidos en El Salvador. Mi única nieta, que estoy feliz con ella, es salvadoreña. Mi yerno es salvadoreño. Demasiadas raíces tengo en El Salvador. Incluso me casé en El Salvador. Yo me traje la novia de Chile pero me casé en El Salvador. Por lo tanto seguiré aquí.

Alguna vez en el ejercicio del periodismo llegaste a tocar alguna situación límite por alguna confrontación con el poder.

Sí. Y a mí me gusta hablar mucho de esto porque yo creo que los periodistas debemos de aceptar que esas cosas son así. Yo estuve dos veces con orden de salida del país. Dos veces recibí telegramas.

¿Por órdenes de algún gobernante que no te quería?

El primero que me hizo la orden de expulsión fue el gobierno de Duarte, con quien supuestamente éramos amigos.

Jaja. ¿No te quería Duarte?

Fíjate que saqué una información que molestaron mucho al presidente Duarte y a su hijo Alejandro. Era básicamente sobre una radio que tenía financiamiento alemán y que parece que hubo algo. De repente recibí la orden para que abandonara el país en 48 horas.

¿Y cómo arreglaste?

Las dos veces lo arreglé igual. La segunda vez me lo mandó Mario Acosta, en el gobierno de Armando Calderón Sol, quien me pedía que abandonara el país en 48 horas. Las dos veces lo solucioné con presión interna. La primera vez llamé a monseñor Gregorio Rosa Chávez, quien era mi amigo. Llamé a Fito Rey Prendes, quien era mi amigo. Y llamé a otra gente que hizo presión. La segunda vez, los trabajadores del canal amenazaron con parar el canal si me sacaban del país. Me fui a meter a la oficina de Mario Acosta y no me recibió, pero le dejé dicho con sus asesores que estaba cometiendo un grave error porque me estaba censurando por los editoriales del periódico La Noticia, y ese diario era propiedad de una empresa que se llamaba Dutriz Hermanos, y que los editoriales eran de la empresa, no míos. Horas después me estaba escribiendo Mario diciéndome que no hiciera caso de eso, que había sido un error. A pesar de eso, de los dos soy  amigo. Otro enfrentamiento con el poder fue para la ofensiva de 1989. El canal fue intervenido y había una radio, la radio Nacional, que durante todo el día lanzaba amenazas contra Jorge Zedán y contra mí diciendo que éramos un canal traidor, canal guerrillero. Antes me decían que era de izquierda, ahora que soy de derecha.

Se escuchó en la 102nueve