El Salvador, sábado 27 de mayo de 2017

Lafitte Fernández || enero 17, 2017

Justicia de enanos    

Yo no creo, ni apoyo, esas políticas criminales que dicen que todos los supuestos criminales deben recibir el mismo trato.

Yo tendría mil razones para pedir que actúen sin misericordia ni freno contra el exfiscal general, Luis Martínez.

El exfuncionario, recluido ahora en una cárcel casi fronteriza con Guatemala, quiso involucrarme en un chantaje. Me quiso acusar por lavado de dinero que solo cabía en su cabeza y en la de su amigo Enrique Rais.

Esa locura que algunos aplaudieron a cambio de dinero y una ausencia total de escrúpulos no se ejecutó por obra de Dios. Posiblemente también por  una enfermedad que me mandó, en coma, casi dos meses a un hospital de Costa Rica.

Todavía hace tres días se me encrespó el alma cuando volví a leer la denuncia que presentó contra mí un abogado que hasta hace poco tiempo colaboraba, como exfiscal de El Salvador, con un mafioso de tercera clase envuelto en un sinfín de líos. La trama la construyeron sin ascos o malestares estomacales.

Lo peor es que Martínez pregonó mis falsas conductas en algunos medios de comunicación como si yo representara a un Dillinger renacido.

Lo que me satisface es que la vida  me proporcionó la oportunidad de decirle a Martínez mis verdades dos o tres días antes de que lo detuvieran por primera vez. Una persona fue testigo de esa larguísima conversación privada.

Según las desteñidas y perversas mentes yo era parte de una organización criminal porque publiqué, días después de Héctor Silva, que el exfiscal Luis Martínez había mentido y ocultado varios vuelos en aviones privados de Enrique Rais, quien ahora es prófugo de la justicia salvadoreña.

Lamentablemente, hasta mis amigos se les olvida que todavía hace pocas semanas Enrique Rais envió a un oscuro abogado suyo a Costa Rica. Logró sorprender a un periódico costarricense donde publicaron una novela tan falsa como las credenciales morales de quienes la construyeron.

No culpé al diario. Culpé al perseguidor de tercera clase. De repente se le enfermó la mente a alguien. Pero también quedé notificado que estaban dispuestos a destinar cualquier cantidad de dinero para tratar de hacerme daño.

Pero pese a todo, si yo hubiese sido juez no habría enviado a Luis Martínez a una prisión común. A nadie se le puede olvidar que, a pesar de sus pecados y extravagancias por volar en aviones que no son suyos, Martínez puede ser carne de cañón en cualquier cárcel salvadoreña. De eso no tengo la menor duda.

Y no creo, ni apoyo, esas políticas criminales que dicen que, en un país como El Salvador, todos los supuestos criminales deben recibir el mismo trato. Con el perdón de todos, eso es justicia de enanos.

Además, hay que tomar en cuenta que Martínez, y a muchos más que se les quiere aplicar esa justicia sesentera y mal concebida, no es un condenado por la comisión de ningún delito.  Es apenas un imputado en una fase inicial.

Es cierto, si la acusación se basa en hechos ciertos, Martínez jamás debió asumir una conducta para perseguir a una mujer que,  simplemente, le incomodaba a Rais.

Pero, ojalá que a nadie se le ocurra atentar contra su vida porque entonces si habrán fracasado muchos como aplicadores de la justicia.

Justicia de enanos    

Por: Lafitte Fernández
enero 17, 2017

Yo no creo, ni apoyo, esas políticas criminales que dicen que todos los supuestos criminales deben recibir el mismo trato.

Yo no creo, ni apoyo, esas políticas criminales que dicen que todos los supuestos criminales deben recibir el mismo trato.

Yo tendría mil razones para pedir que actúen sin misericordia ni freno contra el exfiscal general, Luis Martínez.

El exfuncionario, recluido ahora en una cárcel casi fronteriza con Guatemala, quiso involucrarme en un chantaje. Me quiso acusar por lavado de dinero que solo cabía en su cabeza y en la de su amigo Enrique Rais.

Esa locura que algunos aplaudieron a cambio de dinero y una ausencia total de escrúpulos no se ejecutó por obra de Dios. Posiblemente también por  una enfermedad que me mandó, en coma, casi dos meses a un hospital de Costa Rica.

Todavía hace tres días se me encrespó el alma cuando volví a leer la denuncia que presentó contra mí un abogado que hasta hace poco tiempo colaboraba, como exfiscal de El Salvador, con un mafioso de tercera clase envuelto en un sinfín de líos. La trama la construyeron sin ascos o malestares estomacales.

Lo peor es que Martínez pregonó mis falsas conductas en algunos medios de comunicación como si yo representara a un Dillinger renacido.

Lo que me satisface es que la vida  me proporcionó la oportunidad de decirle a Martínez mis verdades dos o tres días antes de que lo detuvieran por primera vez. Una persona fue testigo de esa larguísima conversación privada.

Según las desteñidas y perversas mentes yo era parte de una organización criminal porque publiqué, días después de Héctor Silva, que el exfiscal Luis Martínez había mentido y ocultado varios vuelos en aviones privados de Enrique Rais, quien ahora es prófugo de la justicia salvadoreña.

Lamentablemente, hasta mis amigos se les olvida que todavía hace pocas semanas Enrique Rais envió a un oscuro abogado suyo a Costa Rica. Logró sorprender a un periódico costarricense donde publicaron una novela tan falsa como las credenciales morales de quienes la construyeron.

No culpé al diario. Culpé al perseguidor de tercera clase. De repente se le enfermó la mente a alguien. Pero también quedé notificado que estaban dispuestos a destinar cualquier cantidad de dinero para tratar de hacerme daño.

Pero pese a todo, si yo hubiese sido juez no habría enviado a Luis Martínez a una prisión común. A nadie se le puede olvidar que, a pesar de sus pecados y extravagancias por volar en aviones que no son suyos, Martínez puede ser carne de cañón en cualquier cárcel salvadoreña. De eso no tengo la menor duda.

Y no creo, ni apoyo, esas políticas criminales que dicen que, en un país como El Salvador, todos los supuestos criminales deben recibir el mismo trato. Con el perdón de todos, eso es justicia de enanos.

Además, hay que tomar en cuenta que Martínez, y a muchos más que se les quiere aplicar esa justicia sesentera y mal concebida, no es un condenado por la comisión de ningún delito.  Es apenas un imputado en una fase inicial.

Es cierto, si la acusación se basa en hechos ciertos, Martínez jamás debió asumir una conducta para perseguir a una mujer que,  simplemente, le incomodaba a Rais.

Pero, ojalá que a nadie se le ocurra atentar contra su vida porque entonces si habrán fracasado muchos como aplicadores de la justicia.

Se escuchó en la 102nueve