El Salvador, martes 19 de septiembre de 2017

El rostro oculto del Martinato

Por: Luis Canizalez
diciembre 24, 2016

Los intelectuales concluyeron que la rebelión de 1932 tuvo como responsable a tres hombres que agitaron a los obreros y campesinos.

Foto internet.

Maximiliano Hernández Martínez ha sido sinónimo de tirano, dictador y genocida. Así se le dibuja en las páginas de la historia salvadoreña. Pero no todo es tiranía. No todo es dictadura. No todo es genocidio. Hay algunos retazos de la historia que han sido relegados, ocultos, condenados al olvido. Al menos eso descubre el historiador Otto Mejía Burgos en su nuevo libro titulado 1932 un mito fundacional.

Mejía Burgos es doctor en filosofía. En su primer libro, publicado el año pasado por la Editorial UCA, aborda la relación de los intelectuales con el expresidente Hernández Martínez. Ahí aparece Miguel Ángel Espino, Serafín Quiteño, María de Baratta, Salarrué, Claudia Lars y otros destacados intelectuales de los años treinta.

Ninguno de ellos fue enemigo acérrimo de Hernández Martínez.  Nadie lo criticó por la matanza de 1932. Se quedaron en el país y  algunos formaron el Grupo Masferrer. Armaban eventos culturales. Incluso se reunían en Casa Presidencial y declamaban poesía, leían los Cuentos de Barro y María de Baratta tocaba el piano.

Estos intelectuales concluyeron que la rebelión de 1932 tuvo como responsable a tres hombres que agitaron a los obreros y campesinos. Dos de ellos eran estudiantes universitarios y el otro un comunista que había combatido contra el ejército estadounidense al lado de Augusto Sandino. Los primeros se llamaban Alfonso Luna y Mario Zapata. El segundo se llamaba Farabundo Martí.   

Fue por eso que algunos intelectuales no le recriminaron nada al presidente Hernández Martínez. Y se quedaron en el país. Y formaron el Grupo Masferrer. Y promovieron la cultura sin ninguna censura. Otto Mejía Burgos rescata esos pedazos de la historia que han permanecido ocultos y los revela en sus dos libros.    

¿Cuál era el vínculo entre los intelectuales y Maximiliano Hernández Martínez?

Para entender la relación de Martínez con los intelectuales hay que irnos un poco atrás. Antes de ser presidente, Martínez escribía en el periódico Patria, que dirigía Masferrer. Martínez fue vitalista. Cuando en 1929, Masferrer comienza hablar del vitalismo, tenía colaboradores. Martínez era uno de ellos. Uno de los puntos fundamentales del vitalismo era hacer una reforma agraria que incluyera no solo el reparto de tierras, que era fundamental, sino que Masferrer también hablaba de un impuesto único para todos los terrenos que estuvieran baldíos. Además proponía diversificar los cultivos. De eso mismo llega hablar Martínez en el periódico Patria. ¿Qué digo con esto? que cuando Martínez ya está en el poder, los intelectuales, que también están identificados con la obra de Masferrer, lo ven como el sucesor natural de Masferrer.

¿A los intelectuales no les generó repudió la matanza que dirigió Martínez?

Es que los intelectuales le echan la culpa al Partido Comunista.

¿Exculpan a Martínez?

Creo que Martínez queda exculpado a partir de que fue una reacción…  se habla mucho del silencio de los intelectuales en el año 1932. Pero ellos, que conformaron el Grupo Masferrer, sí hablaron de la matanza.  Los intelectuales lo que hacen ver es que tres señores insolentes vinieron a agitar los ánimos de las masas.

Martí, Luna y Zapata.

Claro. Pero  hay que saber leer entre líneas. No es que no dijeran nada. Sí dijeron algo. Eso creo que es lo novedoso en mi primer libro.

¿Cómo apoyaba Martínez a ese grupo? 

Se reúnen en Casa Presidencial. Martínez le envía una carta al Grupo Masferrer porque el secretario general de Martínez forma parte del Grupo Masferrer. Era un poeta.

¿Qué papel jugaron Claudia Lars y Salarrué?

Es bien interesante porque ellos dos eran intelectuales más aristocráticos. Yo encontré una carta de Salarrué donde dice que su calidad de artista no le permite participar en cosas colectivas. Aunque en muchas reuniones del Grupo Masferrer, Salarrué estuvo presente.

¿Y Francisco Gavidia?

Varios trabajos de Gavidia se publicaron en el suplemento de la República que era el suplemento del Diario Oficial.  Martínez le trata de dar un estipendio. En realidad Gavidia era un intelectual de salida.  Es en el Martinato que le ponen a la Biblioteca Nacional "Francisco Gavidia".

En tu último libro titulado “1932 un mito fundacional”, ¿qué planteas?

De Martínez se tiene solo la concepción de un tirano. Pero también hay cosas interesantes.

¿Hay que romper algunos mitos sobre Martínez?

Se tienen que romper muchos mitos. Hay quienes dicen, por ejemplo, que durante el Martinato no hubo cultura. Creo que fue uno de los períodos más prolíficos de la cultura. Martínez fue uno de los altos miembros del Ateneo, una asociación cultural que tira una revista, que se llamaba El Ateneo de El Salvador. Eso fue a finales de los años 20. Martínez publicaba artículos en esa revista.

El rostro oculto del Martinato

Por: Luis Canizalez
diciembre 24, 2016

Los intelectuales concluyeron que la rebelión de 1932 tuvo como responsable a tres hombres que agitaron a los obreros y campesinos.

Foto internet.

Los intelectuales concluyeron que la rebelión de 1932 tuvo como responsable a tres hombres que agitaron a los obreros y campesinos.

Maximiliano Hernández Martínez ha sido sinónimo de tirano, dictador y genocida. Así se le dibuja en las páginas de la historia salvadoreña. Pero no todo es tiranía. No todo es dictadura. No todo es genocidio. Hay algunos retazos de la historia que han sido relegados, ocultos, condenados al olvido. Al menos eso descubre el historiador Otto Mejía Burgos en su nuevo libro titulado 1932 un mito fundacional.

Mejía Burgos es doctor en filosofía. En su primer libro, publicado el año pasado por la Editorial UCA, aborda la relación de los intelectuales con el expresidente Hernández Martínez. Ahí aparece Miguel Ángel Espino, Serafín Quiteño, María de Baratta, Salarrué, Claudia Lars y otros destacados intelectuales de los años treinta.

Ninguno de ellos fue enemigo acérrimo de Hernández Martínez.  Nadie lo criticó por la matanza de 1932. Se quedaron en el país y  algunos formaron el Grupo Masferrer. Armaban eventos culturales. Incluso se reunían en Casa Presidencial y declamaban poesía, leían los Cuentos de Barro y María de Baratta tocaba el piano.

Estos intelectuales concluyeron que la rebelión de 1932 tuvo como responsable a tres hombres que agitaron a los obreros y campesinos. Dos de ellos eran estudiantes universitarios y el otro un comunista que había combatido contra el ejército estadounidense al lado de Augusto Sandino. Los primeros se llamaban Alfonso Luna y Mario Zapata. El segundo se llamaba Farabundo Martí.   

Fue por eso que algunos intelectuales no le recriminaron nada al presidente Hernández Martínez. Y se quedaron en el país. Y formaron el Grupo Masferrer. Y promovieron la cultura sin ninguna censura. Otto Mejía Burgos rescata esos pedazos de la historia que han permanecido ocultos y los revela en sus dos libros.    

¿Cuál era el vínculo entre los intelectuales y Maximiliano Hernández Martínez?

Para entender la relación de Martínez con los intelectuales hay que irnos un poco atrás. Antes de ser presidente, Martínez escribía en el periódico Patria, que dirigía Masferrer. Martínez fue vitalista. Cuando en 1929, Masferrer comienza hablar del vitalismo, tenía colaboradores. Martínez era uno de ellos. Uno de los puntos fundamentales del vitalismo era hacer una reforma agraria que incluyera no solo el reparto de tierras, que era fundamental, sino que Masferrer también hablaba de un impuesto único para todos los terrenos que estuvieran baldíos. Además proponía diversificar los cultivos. De eso mismo llega hablar Martínez en el periódico Patria. ¿Qué digo con esto? que cuando Martínez ya está en el poder, los intelectuales, que también están identificados con la obra de Masferrer, lo ven como el sucesor natural de Masferrer.

¿A los intelectuales no les generó repudió la matanza que dirigió Martínez?

Es que los intelectuales le echan la culpa al Partido Comunista.

¿Exculpan a Martínez?

Creo que Martínez queda exculpado a partir de que fue una reacción…  se habla mucho del silencio de los intelectuales en el año 1932. Pero ellos, que conformaron el Grupo Masferrer, sí hablaron de la matanza.  Los intelectuales lo que hacen ver es que tres señores insolentes vinieron a agitar los ánimos de las masas.

Martí, Luna y Zapata.

Claro. Pero  hay que saber leer entre líneas. No es que no dijeran nada. Sí dijeron algo. Eso creo que es lo novedoso en mi primer libro.

¿Cómo apoyaba Martínez a ese grupo? 

Se reúnen en Casa Presidencial. Martínez le envía una carta al Grupo Masferrer porque el secretario general de Martínez forma parte del Grupo Masferrer. Era un poeta.

¿Qué papel jugaron Claudia Lars y Salarrué?

Es bien interesante porque ellos dos eran intelectuales más aristocráticos. Yo encontré una carta de Salarrué donde dice que su calidad de artista no le permite participar en cosas colectivas. Aunque en muchas reuniones del Grupo Masferrer, Salarrué estuvo presente.

¿Y Francisco Gavidia?

Varios trabajos de Gavidia se publicaron en el suplemento de la República que era el suplemento del Diario Oficial.  Martínez le trata de dar un estipendio. En realidad Gavidia era un intelectual de salida.  Es en el Martinato que le ponen a la Biblioteca Nacional "Francisco Gavidia".

En tu último libro titulado “1932 un mito fundacional”, ¿qué planteas?

De Martínez se tiene solo la concepción de un tirano. Pero también hay cosas interesantes.

¿Hay que romper algunos mitos sobre Martínez?

Se tienen que romper muchos mitos. Hay quienes dicen, por ejemplo, que durante el Martinato no hubo cultura. Creo que fue uno de los períodos más prolíficos de la cultura. Martínez fue uno de los altos miembros del Ateneo, una asociación cultural que tira una revista, que se llamaba El Ateneo de El Salvador. Eso fue a finales de los años 20. Martínez publicaba artículos en esa revista.

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