El Salvador, martes 12 de diciembre de 2017

Redacción 102nueve || noviembre 27, 2017

Al fin le quitaron la navaja a esas niñas

Cada año hay miles de embarazos entre adolescentes. ¡Las niñas de once o doce años comenzaron a parir muñecas de verdad!

Tal vez sea un deporte salvadoreño no reconocer lo bueno. O quizá  ese deporte lo practican  los medios de comunicación desde el día que los periodistas comenzamos a creer que no hay periódicos de noticias buenas.

El silencio, el mutismo hostil contra las noticias buenas, me disguta. No es justo. No se vale. Por eso  creo que este gobierno tomó una decisión estupenda  y acertada que mejorará la realidad actual: aplicar un apropiado programa  de educación sexual  entre los niños y adolescentes para evitar el embarazo prematuro.

En El Salvador ha existido , entre algunos sectores sociales, un pensamiento porfiado como una maldición: creen que  debe ser poca, o nada, la educación sexual que deben recibir los niños y adolescentes. Desde entonces, cada año hay miles de embarazos entre adolescentes. ¡Las niñas de once o doce años comenzaron a parir muñecas de verdad!

A Violeta Menjívar, la Ministra de Salud, le escuché decir, cuando presentaba el plan, una cifra que da escalofríos: en lo que va de este año hay 1.100 niñas y adolescentes embarazadas. Algunas de ellas fueron violadas. Pero la gran mayoría posiblemente llegó a ese estado por falta de educación sexual en las escuelas y colegios. También en sus hogares.

Recuerdo que hace algunos años, una parte de la Iglesia Católica y algunas mujeres cuyo pensamiento nunca logré entender, se me tiraron al cuello porque permití que se publicara informaciones positivas sobre un Manuel Sexual para escolares que, finalmente, nunca dejaron circular.

El manual ya estaba impreso. Como en algunas páginas mostraban un pene, los intolerantes declararon maldita la publicación. La parte más dura de la Iglesia Católica se opuso al manual. Otras rezadoras poco preocupadas por el destino de su `país también. El intento de las autoridades de educación de esa época para evitar un salto poco conveniente en el itinerario de las madres, fracasó.

Todavía recuerdo algunas voces: los manuales sexuales no deben existir. La primera línea de defensa debe ser la castidad. El resto, ni siquiera los condones, deben existir.

Yo podría estar de acuerdo con cualquier madre o padre que piense que la castidad debe ser el paraíso de las mujeres. Pero, esta sociedad, por responsabilidad nuestra, la hemos construido diferente. Sospecho que ahora la castidad es asunto de heroínas de una enorme fortaleza moral.

Entonces, religiosos y sacerdotes pueden luchar por la castidad de los niños y jóvenes. Pueden decirles que no deben ser sucios por dentro, si así lo quieren. Pero hay un ejército de verdaderas niños y niñas que podrían no creer en eso. Arriesgan sus vidas, sus estudios, la estabilidad de sus hogares por falta de orientación sexual.

A todos esos, que son la mayoría, deben caerles encima los maestros y profesores y el sistema educativo formal para impedir que niñas de diez u once años arriesguen todo porque no entendieron el juego de la verdad o la rigurosidad del peligro  de  andar con los pies descalzos y la cabeza desatendida y mal informada.

Hacen bien las autoridades de salud y educación y el Presidente Salvador Sánchez Cerén  al quitarle el rostro de plomo que mangoneaba  la educación sexual.

Esta sociedad debe quitarse de encima las navajas de los intolerantes. Una niña está para ser niña. No puede ser arrinconaba en un filo, dejar su escuela y tratar de exigirle al mundo que le explique: ¿Ahora qué?

Al fin le quitaron la navaja a esas niñas

Por: Redacción 102nueve
noviembre 27, 2017

Cada año hay miles de embarazos entre adolescentes. ¡Las niñas de once o doce años comenzaron a parir muñecas de verdad!

Por: Laffite Fernández

Cada año hay miles de embarazos entre adolescentes. ¡Las niñas de once o doce años comenzaron a parir muñecas de verdad!

Tal vez sea un deporte salvadoreño no reconocer lo bueno. O quizá  ese deporte lo practican  los medios de comunicación desde el día que los periodistas comenzamos a creer que no hay periódicos de noticias buenas.

El silencio, el mutismo hostil contra las noticias buenas, me disguta. No es justo. No se vale. Por eso  creo que este gobierno tomó una decisión estupenda  y acertada que mejorará la realidad actual: aplicar un apropiado programa  de educación sexual  entre los niños y adolescentes para evitar el embarazo prematuro.

En El Salvador ha existido , entre algunos sectores sociales, un pensamiento porfiado como una maldición: creen que  debe ser poca, o nada, la educación sexual que deben recibir los niños y adolescentes. Desde entonces, cada año hay miles de embarazos entre adolescentes. ¡Las niñas de once o doce años comenzaron a parir muñecas de verdad!

A Violeta Menjívar, la Ministra de Salud, le escuché decir, cuando presentaba el plan, una cifra que da escalofríos: en lo que va de este año hay 1.100 niñas y adolescentes embarazadas. Algunas de ellas fueron violadas. Pero la gran mayoría posiblemente llegó a ese estado por falta de educación sexual en las escuelas y colegios. También en sus hogares.

Recuerdo que hace algunos años, una parte de la Iglesia Católica y algunas mujeres cuyo pensamiento nunca logré entender, se me tiraron al cuello porque permití que se publicara informaciones positivas sobre un Manuel Sexual para escolares que, finalmente, nunca dejaron circular.

El manual ya estaba impreso. Como en algunas páginas mostraban un pene, los intolerantes declararon maldita la publicación. La parte más dura de la Iglesia Católica se opuso al manual. Otras rezadoras poco preocupadas por el destino de su `país también. El intento de las autoridades de educación de esa época para evitar un salto poco conveniente en el itinerario de las madres, fracasó.

Todavía recuerdo algunas voces: los manuales sexuales no deben existir. La primera línea de defensa debe ser la castidad. El resto, ni siquiera los condones, deben existir.

Yo podría estar de acuerdo con cualquier madre o padre que piense que la castidad debe ser el paraíso de las mujeres. Pero, esta sociedad, por responsabilidad nuestra, la hemos construido diferente. Sospecho que ahora la castidad es asunto de heroínas de una enorme fortaleza moral.

Entonces, religiosos y sacerdotes pueden luchar por la castidad de los niños y jóvenes. Pueden decirles que no deben ser sucios por dentro, si así lo quieren. Pero hay un ejército de verdaderas niños y niñas que podrían no creer en eso. Arriesgan sus vidas, sus estudios, la estabilidad de sus hogares por falta de orientación sexual.

A todos esos, que son la mayoría, deben caerles encima los maestros y profesores y el sistema educativo formal para impedir que niñas de diez u once años arriesguen todo porque no entendieron el juego de la verdad o la rigurosidad del peligro  de  andar con los pies descalzos y la cabeza desatendida y mal informada.

Hacen bien las autoridades de salud y educación y el Presidente Salvador Sánchez Cerén  al quitarle el rostro de plomo que mangoneaba  la educación sexual.

Esta sociedad debe quitarse de encima las navajas de los intolerantes. Una niña está para ser niña. No puede ser arrinconaba en un filo, dejar su escuela y tratar de exigirle al mundo que le explique: ¿Ahora qué?

Se escuchó en la 102nueve