En este día

Nicolás Salume

Lafitte Fernández

Perdí la cuenta. No sé  hace cuantos años conocí a Nicolás Salume Babún. Me lo presentó otro costarricense: Mario Bruno, uno de sus mejores amigos.  Esa noche hablamos, por horas, de los problemas de El Salvador.

Con Nicki no se podía hablar de otra cosa. Llevaba encima el mismo gen de su padre: hablar de política, de los problemas enteros de un país, de lo que debe hacerse  en tiempos en que el pesimismo es la norma. No la excepción.

Creo que esa noche estaba Arturo Zablah, otro empresario de mucho talento, un hombre de esos que necesita toda sociedad cuando se enferma. Y cuanto peor se esté, más se necesita ese tipo de hombres como Nicki y Arturo. Al menos eso es lo creo.

Aquellos eran tiempos en que se discutía sin más amo que la razón. Nicky, con su cara ovalada, su cuerpo chato , sus ojos redondos y su sonrisa teñida de blanco, dirigía una conversación cuando la seguridad no era una explosión del mal, los líos económicos no eran tan agresivos y la política no se había ensuciado tanto . En esos momentos ninguno era vago para el análisis.

Esa era  una de las primeras cualidades de Niky: hacer amigos rápidamente. Y entonces, desde que te hacías su amigo, ya no se podía ver las cosas de lejos. Esa vocacíón de Niky hacia los amigos y el buen análisis no sólo se convirtieron en un alud arrollador. En medio de eso siempre había una idea que mereciera la pena. En asuntos de debate de los problemas salvadoreños no se podía ser nunca tropel de cabras sueltas en una cristalería. No era eso lo que quería Nicky.

Con el paso del tiempo fui almacenando muchas buenas historias al lado de Niky y muchos de sus amigos. Nicky no hablaba mucho. Escuchaba atento. Pero cuando hablaba se sabía que su vida no estaba encuadernada; tal vez por eso hizo estudios universitarios en España y no le costaba dar forma y amasar sus ideas. Eso sí, con Nicky el único silencio era el más profundo.Con él no había sequía ni esterilidad en el pensamiento.

Muchas veces se reía con él a carcajadas porque hacía de las anécdotas una llave para descubrir la condición humana. Se sentaba a la cabecera pero eso era sólo una formalidad para ordenar las conversaciones.

Nicky tuvo pocas malquerencias. Todos le tenían como un hombre bueno, como una alma que caminaba, la mayoría de las veces, con  certeras intituiciones. Tal vez por eso algunos buitres de dejaron de atacarlo ni siquiera cuando murió.

Soy testigo de algo. Lo fui siempre y por eso también me gané algunos enemigos que escriben libros a sueldo. No por su propia voluntad. Ni guiados por su libertad.

Recuerdo que, en una ocasión, cuando Niky era el presidente de la empresa eléctrica estatal CEL, me llamó y me explicó lo que había pasado con una inversión italiana en la geotermia salvadoreña.

Creo que Julio Valdivieso también estaba ahí. Y sospecho que, desde ese momento, Julio también se ganó  el sello de “odiado” en su frente. Pero a nadie le importó el nivel del desdén aristocrático de algún sector. Lo que supe, en ese momento, era irritante: se había entregado un pedazo de país.

En esa época, existía una empresa italiana que cada vez quería apropiarse más de la geotermia salvadoreña. Era evidente que alguien había favorecido eso. Todavía lo pienso. Todavía lo creo.

Resulta que en una ley general de electricidad que mandaba a  ordenar el sector de energía, se convocó a una licitación amañada ( no tengo duda de eso) para que una empresa italiana se alzara la geotermia estatal. El truco funcionó así. Hago una comparación. Fue como se dictase una ley que instruye  ordenar San Salvador y, entonces, un atrevido obliga a  vender los parques a una empresa italiana. ¡Gigante tarea de bribones! Y nada pasó por la Asamblea Legislativa como debió hacerse.

Entonces licitaron la venta de la empresa de geotermia. Sólo los italianos participaron  en el concurso público y se dijo, bajo completa mentira, que eran tres. Si la empresa pintaba el edificio de CEL, había que darle acciones. Una turbina en mal estado que valoraron en $9 millones, también quisieron que se tradujera en acciones para los italianos. ¡Los bandidos quedaron sueltos!.

A Nicky le tocó parar esa masacre en las finanzas del Estado. Se lo pidió el ex presidente Elías Antonio Saca. Nicky se convenció que esa pelea sería una lucha sin fin.Y así lo hizo. Nadie, absolutamente nadie, le dobló el brazo. Desde entonces se ganó mil poderosos enemigos que hasta muerto la cobran su valentía y sensatez.

Con el tiempo, el Gobierno de Salvador Sánchez Cerén recuperó la soberanía estatal en la geotermia y la estafa se detuvo. Se debieron pagar como $300 millones a los italianos. De lo contrario, la depravación hubiese sido peor. Pero esa batalla moral comenzó con Nicky cuando mandó al diablo a los italianos.

Y es precisamente el rencor y el odio que le produjo a mucha gente que estaba en ese negocio lo que ahora motiva que al menos le recuerden parte de su pasado a Nicolás Salume. Esa es la verdad, le duela a quien le duela.

El amigo murió hace pocos días. Dicen que se desvaneció cuando salía de un hospital de Cleveland. La noticia me aturdió. Realmente quería a Nicky. Ese tipo de personajes resisten el paso del tiempo y hasta el humor festivo. Niky tuvo la virtud de hacer cimbrar la historia, tal vez porque no le gustaba lo convencional. Me dicen que se fue sin tormento. Así se van los hombres buenos.

Fue padre de varios hijos. A todos los amó profundamente. A su modo. A su estilo bajo la huella de un padre, Nicolás Salume, que siempre simbolizó lo mejor de los salvadoreños.

Nicky vivió sin temor a las represalias de ningún grupo de interés. Siempre actuó guiado por su juicio crítico . Desde hace dos días perdí a un amigo. El Salvador perdió  muchos más aunque por ah{ andan tropas de mercenarios que quieren aniquilar su buena sombra. ¡Qué infinita es la mezquindad!

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