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Opinión: Pedro Joaquín marcó la historia

Una conversación histórica con Pedro Joaquín Chamorro signó el camino.

Por: Lafitte Fernández

Aquella conversación con Pedro Joaquín Chamorro me dejó una herencia: Anastasio Somoza me impidió el ingreso a su país durante muchos años. La embajada nicaragüense en San José exigió que fuera, personalmente, a pedirles disculpas. Esa exigencia ni muerto la hubiese cumplido. Y una noche debí dormir en un avión que aterrizó de emergencia en Managua  cuando el piloto se cercioró que si entraba a ese país me meterían preso.

Lo que ocurre ahora en Managua no sólo activó mi memoria sobre esos hechos. También me obligó a buscar esa entrevista entre los viejos archivos personales del desaparecido diario Excelsior. Sobre todo porque hay conversaciones periodísticas que jamás se olvidan. Oír a Pedro Joaquín Chamorro hablar de su país cuando apenas se tienen 20 años, fue paralizador y magnético.

No recuerdo cuando fue que entrevisté a Pedro Joaquín Chamorro por única vez antes de que lo asesinaran. Fue hace  más de cuarenta años. Yo era, literalmente, un adolescente periodista que apenas comenzaba a borronear textos.

Pedro Joaquín era el director del periódico La Prensa de Nicaragua. En ese entonces,  encabezaba una lucha endiablada, dura, sin tregua contra la tiranía de Anastasio Somoza. Eran tiempos en que Chamorro había denunciado que el tirano Somoza tenía metidas sus manos hasta en las exportaciones ilegales de sangre que le compraban a precio de nada a los nicaragüenses más pobres.

Viajé a Nicaragua enviado por el director del desaparecido periódico costarricense Excelsior, José María Penabat. Los costarricenses estaban inquietos en esa época por lo que ocurría en Nicaragua. La verdad es que, desde siempre, los dos países siempre han sido interdependientes. Uno y otro ha hecho la misma ruta histórica. Muchas veces a los costarricenses se nos olvida que tenemos el mismo ADN y las mismas raíces de los nicaragüenses y eso fue, precisamente, lo que comencé a hablar con Pedro Joaquín Chamorro .

A Pedro Joaquín lo encontré ese día en camisa de mangas cortas. Estaba rodeado de textos, impresiones de galeras, libros, fotografías y todo lo que delataba el oficio de periodista.

A pesar de que en esos tiempos no era sencillo pelear contra un dictador, al hombre que me encontré dedicaba su vida a hacer algo que tuviese significado. Era evidente que el periodismo y las batallas de Pedro Joaquín eran también una suma de crisis personales. Sabía que los espías de Somoza lo seguían cada hora de su vida. “Cambiate de hotel. Mi oficina está muy vigilada. Los esbirros sabrán que estuviste aquí”, me dijo mientras conversábamos.

Todo el testimonio de Pedro Joaquín estaba lleno de integridad. No creía en las farsas macabras de Somoza cuando trataba de disfrazar otros caminos del poder porque, al fin y al cabo, todas estaban estaban bajo las  riendas del dictador.

En un momento, mientras se deslizaba en un  sillón de cuero, Pedro Joaquín comenzó a hablar de hechos históricos y de lo que sucedía en su país que palabra a palabra, frase por frase, están vigentes hoy.

La conversación con Pedro Joaquín estaba cargada de todas las razones que planteaban la necesidad de sacar casi a patadas a Somoza Debayle, en aquella época. Su descripción de la tiranía era algo igual a lo que sucede hoy en Nicaragua: “Somoza tiene sus manos metido en todo. Cuanto negocio existe aquí hay sombras de Somoza”, dijo. Se dice que lo mismo ocurre hoy.

Entonces el modelo de desarrollo que Nicaragua tenía, mostraba  el mismo sarampión que mostraba la tiranía. Modelo y dictador se tenían que ir. Para él la represión como la que acaba de suceder en Nicaragua lo único que hace es atrasar la caída de los tiranos pero hace inevitable la caída de los ostentadores del poder porque “ninguna dictadura es eterna”.

Pedro Joaquín lo único que reconocía en Somoza era su astucia para producir trampas para mantenerse en el poder. Sobre todo le causaba asco ese tipo de diálogo que lo único que logra es ampliarle la vida a los tiranos. “Con esos diálogos hay que tener mucho cuidado. Son arenas movedizas”, me dijo Pedro Joaquín Chamorro.

Pero, aseguró  algo más que poco después de su asesinato resultó cierto. Quizá, también podría cumplirse más de cuarenta años después con el régimen de Daniel Ortega:” Fernández, no te olvides que somos una mezcla. Tenemos sangre india. Aguantamos los tiranos pero luego, en horas, en pocos días, los podemos hacer caer. Sabemos ocultar nuestras emociones. Solemos engañar a los tiranos y hacerlo sentirse seguros. Pero luego les cortamos la cabeza por más seguros que se sientan”.

Cuando salía de su oficina en el diario La Prensa, me repitió lo mismo:” no olvides que estás rodeado de zánganos. Cámbiate de hotel. Está jodido que maten a un periodista tico”, dijo sonriendo. Poco tiempo después a quien mataron  fue a él .

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