En análisis

Un gazapo del TSE

Se equivocaron de pe a pa los magistrados electorales. Violaron derechos a un medio de comunicación. No sólo a los precandidatos presidenciales.

Lafitte Fernández.

No sé cómo llamarle a la decisión del tribunal electoral de prohibir los debates de los precandidatos del partido ARENA. El acto es tan destemplado, antijurídico y alejado de una democracia moderna, que cuesta interpretar los motivos de su origen.

En el tribunal electoral hay profesionales en derecho que escriben con punta fina. Están bien formados pero pienso que los traicionó el hecho de que para muchos abogados el Derecho a la Información y la Libertad de Expresión resultan materias jurídicas exóticas que poco estudian o, simplemente, no les gusta estudiar e interpretar. Tal vez fue eso lo que pasó con esa resolución que es una grosera violación al Derecho Constitucional y a derechos humanos fundamentales.

Si los debates hubiesen nacido porque el partido ARENA compró tres espacios a TCS (o a cualquier estación de televisión), tal vez eso podría calificarse, de alguna manera, publicidad que viola las disposiciones electorales.

Pero, hasta donde sé, eso no fue así.  En los debates no media paga de ARENA. Simplemente pasó lo que ocurre en otras naciones democráticas del mundo: el medio de comunicación convoca a un debate, produce las reglas y el método y los candidatos deciden si acuden o no a la batalla de ideas, compromisos y planes. En Costa Rica hubo 50 debates presidenciales antes de elegir el nuevo gobernante.

Ese tipo de debates permiten a los ciudadanos conocer de qué están hechas las ideas de los postulantes. Las polémicas enseñan, permiten extender razonamientos, elevan el espíritu crítico y crean votantes bien informados. Esto último es lo más sano que le puede suceder a una democracia moderna. ARENA decía que una Nación es un plebiscito cotidiano. Y  eso es lo que debe estimularse en una sociedad moderna: el discernimiento de ideas, compromisos y esperanzas.

El problema de la resolución del tribunal electoral de El Salvador es que no sólo limitó los derechos de los tres precandidatos. Más grave aún: violó el ejercicio del Derecho a Informar y la Libertad de Expresión ejercida por un medio de comunicación para satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

Celebro que los precandidatos de ARENA le pidan una revocatoria al tribunal electoral. Pero, a mi juicio, es más importante que el medio de comunicación silenciado acuda a la Sala de lo Constitucional para que le restituyan y  protejan un derecho fundamental.

Si los precandidatos utilizaron palabras no apropiadas para  promover su participación en uno de los debates televisivos, los magistrados del tribunal electoral pudieron llamar a esas figuras y limitar los vocablos promocionales. Pero la penalización no cae sobre el medio de comunicación. Eso es lo que hay que diferenciar en este tema.

Estoy convencido que no hay un solo rasgo de esos debates que violen el ordenamiento jurídico. Por ahí escuché decir  a alguien que el debate debió hacerse en un estadio, como si los precandidatos presidenciales de ARENA fueran pastores evangélicos que pregonan su fe. Hay que entenderlo: no hay nada que deba impedir un debate entre políticos convocado por un medio de comunicación. Limitar ese acto es un abuso, una lesión a derechos fundamentales.

Si se siguen las reglas del tribunal electoral, cada medio de comunicación tendría que pedir permiso a las autoridades sobre lo que pretende hacer en medio de su derecho a informar. Eso sería una aborrecida censura previa.

Por eso creo que los magistrados electorales deben reconocer que se equivocaron. El error es del tamaño de la catedral. Penalizar a un partido político porque sus precandidatos pregonen ideas, planes y compromisos es absurdo. Penalizar a un medio de comunicación por contribuir con eso organizando un debate es un lío del tamaño de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Por donde quiera que se vea la decisión del tribunal electoral, es inexcusable. Más grave aún: es un retroceso democrático. Los zorros no deben perseguir a los erizos, diría Tolstoi.

 

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