En análisis

Mudanzas y ganadores ocultos en los comicios

A mi juicio todos perdieron. Lo que ocurrió es que el porrazo fue más grande para el FMLN.

Por: Laffite Fernández.

La paliza que recibió el FMLN de su propia gente ( yo no diría que el porrazo vino de lo que tiene al frente), tal vez se puede resumir en una sola causa: antes del domingo algunos de los dirigentes del FMLN no entendieron que vivimos un mundo rabiosamente atado a la certidumbre.

La gente no quiere tanteos, experimentos o riesgos. La gente quiere que le regresen el orden en las cosas y la vida pública. Aparte de eso demanda que le den buena salud, educación, empleo y progreso.

Como no fue eso no fue eso lo que le dio el FMLN a sus propios seguidores, entonces, decidieron dejar solo a ese partido. Prueba de ello es que, sólo en tres años, el FMLN perdió 372 mil votantes. El trompazo dejó sangre en el suelo.

Tanto fue el castigo  de los seguidores al FMLN  que una de sus principales figuras, José Luis Merino, ni siquiera pudo ser diputado. De esa clase fue el abandono y la orfandad.

Pero el análisis de los números de cuantos fueron a votar el domingo en las elecciones para diputados muestran otra realidad: si en el FMLN no votar fue el grito más fuerte que se produjo, en ARENA no germinaron nuevos ni mayores apoyos. El número de sus votantes de ARENA, disminuyó. No creció. Según los números que aparecen en los registros del tribunal electoral, ARENA perdió 62 mil votantes.

Por supuesto que el número de diputados de ARENA  creció abismalmente. Pero no el número de sus apoyos. ARENA gana una mayoría porque el FMLN no entendió que para un gobierno todas las horas hieren. La última es la que mata.

Para el FMLN sus audiencias salieron espantadas  quizá por la inseguridad y la falta de empleo. Tal vez otros creen que los descamisados se hicieron buena ropa a costa del poder. O quizá por la arrogancia del servidor público, por la deshumanización del funcionario, o por mil razones más.

Quizá la única lección clarísima que recibió el FMLN es que entendió que  las democracias castigan. Todo gobierno nace de una utopía. De una venta de esperanza. Pero generalmente no son las utopías las que fallan. El problema es que se ejecutan torpemente.

Sospecho que, frente a la utopía política (que al fin y al cabo nadie cumple) las elecciones del domingo dejaron dos ganadores, además del mayor número de diputados y alcaldías que recibió ARENA: el precandidato presidencial Oscar Ortiz y Nayib Bukele.

Ortiz porque la dirigencia tradicional debe cargar con el fracaso del FMLN en estas elecciones de medio período.  Y esa dirigencia literalmente lo despreció. De hecho, un partido que se cuida de la crítica interna como el FMLN ya ha comenzado a tener voces internas que han comenzado a desgañitarse. Incluso, el propio Oscar Ortiz ya ha pedido el retiro de algunos líderes tradicionales que le dijeron a  Ortiz, en la cara, que no están con él sino con Gerson Martínez.

Sospecho que Ortiz ya comenzó a hacer sus propios movimientos y a golpear la mesa. Hasta imagino su mensaje: cualquier mañana es hoy. Y dirá que no es el tiempo el que se pierde, sino que fue el FMLN  el que se perdió. Habrá que ver en este tema cuánto dura la bulla. Estoy convencido que Ortiz no acabará de advertir, para ganar nuevos espacios, que el FMLN no puede vivir el mañana con el alma de ayer.

Lo interesante es que el FMLN ya comenzó a pedir disculpas y a diagnosticar  el problema. Si no quiere perder peso, el FMLN se debe convertir en un moderno profeta del pesimismo: cuanto peor, mejor. De lo contrario, comenzará a hablar en lenguas muertas, sobre todo ahora que tiene un entorno puntiagudo y hostil. No tengo duda: el FMLN será, por mucho tiempo, rehén de la derrota.

El otro ganador es Nayib Bukele: como cabeza de un tercer camino, el mapa que le heredó el domingo electoral es inmejorable. Sabe que el FMLN decreció con estruendo. Que ARENA, aunque en menor medida, también perdió votantes. Que los único que subieron en votación fue el PCN (55 mil votantes) y GANA (aunque sólo 5 mil electores).

Es fácil pensar que si Bukele no tiene más amo que la razón, el mapa que lleva en su bolsillo es más que grato para él. El tercer camino puede encontrar, ahora, según su criterio, el mejor lugar para anidar. Eso sí: necesita partido y dinero. Las ganas de lanzarse le deben haber crecido a Bukele a raíz de la marejada y la revuelta.

 

 

 

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